lunes, 26 de noviembre de 2012

LOS MITOS DEL NACIONALISMO IV. LOS COMPATRIOTAS IGNORADOS



Catalans, voleu córrer massa; no correu tant que podríeu ensopegar.


Quería dedicar al menos un artículo a los personajes históricos proscritos por el fanatismo nacionalista. El nacionalismo ignora y ningunea de su historia particular a los hijos de su nación que estima incómodos o directamente contrarios a la causa. Y son casi todos. Prefiere pasar de puntillas por las biografías de tantos compatriotas que amaron su patria chica sin dejar de amar también la grande. Dando su vida incluso por ellas. El trabajo de nombrarlos es el trabajo de escoger, pues son tantos y tan destacados que no se sabría dónde elegir. Todos ellos vivieron sin los complejos nacionalistas de hoy y amaron a España sin renunciar al amor por su tierra. He observado una dualidad de tratamiento. En ocasiones su figura se reconoce como hijo de la tierra, pero considerando tan solo su faceta localista, convirtiéndole casi en un caudillo provinciano. En otros casos se le ignora por completo en una damnatio memoriae dictada por la estulticia.

He seleccionado dos figuras que despiertan mi admiración de modo especial por su tamaño y sobre todo por ser unos grandes tesoros escondidos para Cataluña y País Vasco. Van por orden cronológico de su nacimiento.


URDANETA

Fue Andrés de Urdaneta y Cerain un vasco nacido en un pequeño pueblo de Guipúzcoa llamado Ordicia, alrededor de 1508. Su figura es tan grande que es difícil calificar cuál fue su profesión pues fue militar, cosmógrafo, marino, explorador y también religioso porque en su madurez abrazó la vida monástica. Fue compatriota y colega de Legazpi y Elcano, vascos que como él escribieron con letras de oro sus nombres en la historia de España dando la vuelta al mundo y obteniendo para la hispanidad territorios en los confines del planeta.

Pero Urdaneta pasó a la Historia por su mayor logro: descubrir, documentar y experimentar la ruta a través del océano Pacífico desde Filipinas hasta México, conocida como Ruta de Urdaneta o de Tornaviaje. Esta ruta fue la que permitía volver sin tener que rodear el Cabo de Buena Esperanza en África, viaje largo y peligroso pues por aquel entonces todas las costas africanas pertenecían a un Portugal no muy colaborador. Tras multitud de intentos fallidos de muchos exploradores, Urdaneta zarpó de Filipinas el 1 de junio de 1565 y puso rumbo norte, en lugar de este, aprovechando el monzón. Navegó hasta Japón, donde descubrió la corriente de Kuro Siwo, que les llevó por el océano Pacífico hasta California, costeando desde allí hasta Acapulco donde llegó el 8 de octubre, tras haber recorrido 14.157 Km. en 130 días, lo cual suponía una velocidad de vértigo para lo acostumbrado en la época. Dicha ruta fue utilizada durante los siguientes 250 años por las naves imperiales españolas que a través de México hicieron llegar a Europa las mercancías de oriente. Por tierra desde Acapulco a Veracruz donde embarcaban en la impresionante Flota de Indias, que escoltada por la Armada desembarcaba en Sevilla las sedas, los abanicos, los lacados, las especias y las porcelanas de China.  Hoy la ruta sigue siendo hoy una de las principales del mundo moderno.


CHURRUCA

Pocos hombres me inspiran tanta admiración como este. Pocos me dan la impresión de reunir tal cantidad de cualidades que envidio y que me hacen soñar con ser alguien mejor. También se nota que me gusta el mar pues se trata de D. Cosme Damián Churruca y Elorza que nació en Motrico, un precioso pueblito de Guipúzcoa, el 27 de septiembre de 1761. Churruca fue científico, astrónomo, cartógrafo, marino y militar español, Brigadier de la Real Armada y alcalde de Motrico como su padre.

Comenzó su producción científica y técnica realizando un reconocimiento del estrecho de Magallanes en dirección al océano Pacífico, descubriendo una ruta alternativa y mejor además de una ensenada que lleva su nombre. Todo ello lo dejó en su Apéndice al Primer Viaje de Magallanes editado en 1795. Realizó una expedición geográfica a América  con el fin de formar el atlas marítimo de la América del Norte. Levantó cartas marítimas de las Antillas y de las islas de Sotavento. Redactó treinta y cuatro cartas esféricas y mapas geométricos de las cuales hasta ahora no se han publicado más que una pequeña parte. Mente incansable, se dedicó al perfeccionamiento y simplificado de las maniobras de atraque y carenado de los navíos de Su Majestad. Su talento no pasó desapercibido en París donde permaneció un tiempo con una misión científica del Gobierno. Napoleón, por entonces sólo primer cónsul, quiso verle y le acogió con las mayores demostraciones de aprecio. Le regaló un sable de gala que puede admirarse hoy en el Museo Naval de Madrid. Elaboró un Diccionario de Marina y un Tratado de Instrucción Militar. El Gobierno le encargó también que hiciera experiencias de puntería y como resultado redactó un Tratado de Puntería para la Armada, que ha permanecido como obra de referencia mundial en la materia durante décadas.

Como militar participó en el Gran Asedio de Gibraltar de 1781 y defendió las posesiones españolas en el Caribe en la batalla de Martinica. Encontró la muerte en la Batalla de Trafalgar, el 21 de octubre de 1805. Al mando del veterano navío de línea de 74 cañones San Juan Nepomuceno detectó desde el principio lo incorrecto de las maniobras ordenadas a la flota combinada por el Almirante Villeneuve.  No obstante, su nave se comportó con singular bravura luchando por momentos contra seis buques ingleses, desigualdad fruto del incorrecto planteamiento táctico. Churruca dio muestras de precisión en el tiro, arrojo y eficacia. Una bala de cañón le arrancó la pierna y tras ordenar que le pusieran en pie, metió el ensangrentado muñón en un barril de arena para ralentizar la hemorragia (la arena estaba disponible en cubierta para evitar resbalones con la sangre, y se esparcía en el zafarrancho de combate según mandaban las Reales Ordenanzas). Así con el sable en la mano, gritando que no cesara el fuego, se mantuvo al mando hasta que le fallaron las fuerzas. Falleció ordenando que no se arriara la bandera española que ondeaba en popa. Antes de zarpar de Cádiz, había escrito en una carta a su hermano Si llegas a saber que mi navío ha sido hecho prisionero, di que he muerto.


AGUSTINA DE ARAGON

Una vez le dije a un nacionalista catalán, demasiado locuaz durante una comida de negocios en Barcelona, que debería sentirse orgulloso de Agustina de Aragón y su patriotismo. Se jactó de que Cataluña no es Aragón y de que una catalana nunca se habría comportado así salvo por defender a Cataluña. La ignorancia del buen señor quedó patente cuando le dije, con todo el cariño, que Agustina Saragossa y Domènech fue nacida en Barcelona y que fue bautizada en Santa María del Mar, una joya gótica que animo a visitar a todo lector. Que era hija de los catalanes Ramon Saragossa i Labastida y de Raimunda Domènech i Gasull y que parece que los dioses preveían su destino al otorgarle tal apellido. Que en 1803 casó con el cabo de artillería Joan Roca i Vilaseca que participó desde el principio en la Guerra de la Independencia Española, tomando parte en la batalla del Bruch. ¿Se puede ser más catalana? Quedó el señor nacionalista bastante corrido y no volvió a dirigirme la palabra aquella tarde.

Diremos que con el tiempo, el marido de Agustina fue destinado a la defensa de Zaragoza y que durante el cerco de esta ciudad Agustina llevó a cabo la acción que la hizo célebre. Tras un duro castigo de la artillería de asedio que silenció a la defensa española, los franceses pensaron caidos a todos los defensores de la puerta llamada del Portillo y se aprestaron a tomarla al asalto como era costumbre en la época. Agustina, que como otras mujeres llevaba la comida a su marido, lo descubrió muerto junto a la pieza que servía. Testigo de las columnas francesas que marchaban hacía la muralla, tomó la mecha de manos de un artillero herido y consiguió disparar un cañón cargado con metralla sobre las tropas, causando gran destrozo y carnicería por lo cercano del objetivo. La infantería francesa temiendo no haber neutralizado completamente la defensa artillera se retiró el tiempo justo para que nuevos defensores acudieran a defender la puerta una vez más. Fue nombrada artillero por el General Palafox.

Al caer Zaragoza tras dos asedios, Agustina fue tomada prisionera y posteriormente liberada en un canje. Recorrió gran parte de España como animadora de los ejércitos, donde su gesta se había hecho muy conocida. Tras la guerra, se casó otra vez y residió en el sur de España muriendo en Ceuta, en 1857, a los 71 años de edad, ciudad por donde cuentan se paseaba orgullosa con su uniforme y sus medallas, bien erguida aun siendo anciana.

Cataluña ignoró a su hija por completo, pero no Aragón a su defensora, donde descansan y son honrados sus restos en la capilla de la Anunciación de la Iglesia de Nuestra Señora del Portillo de Zaragoza. Agustina no solo fue un modelo de patriotismo sino también de valor, entereza, decisión y lucha contra la adversidad. Agustina nos defendió a todos los españoles aquel día. A los catalanes también. Toda una mujer.
 


PRIM
Terminaré con un hombre que vivió aventuras, corrió riesgos sin límites y visitó escenarios clave de la historia del siglo XIX mundial. Un hombre que vivió un tiempo muy difícil y de grandes convulsiones políticas y sociales. Joan Prim i Prats, nacido en Reus, Tarragona, en 1814, pasó a la historia de España por sus aventuras militares y por su compromiso con el cambio político en el país que le llevó a ser Presidente del Gobierno tras ser uno de los artífices de la revolución liberal que pasó a denominarse La Gloriosa. Como líder de la misma patrocinó la entronización de la Casa de Saboya en la persona de Amadeo I con la finalidad de constituir una monarquía constitucional moderna sustituyendo a la casa de Borbón. Dicha revolución dio comienzo a lo que se llamó en España el Sexenio Democrático empleándose la palabra democracia por primera vez en nuestra Historia.

Prim no procedía de la nobleza ni tenía antecedentes militares por lo que todo lo que consiguió fue desde abajo y gracias a sus propios méritos. Su vida militar comenzó en la Primera Guerra Carlista donde mostró relevantes dotes de mando, valor y temeridad.  Al tiempo, comenzó sus manifestaciones críticas contra los conservadores por lo que el Gobierno le acusó de conspiración, siendo condenado a prisión en las Islas Marianas (busque el lector en el mapa dónde queda esto).  Amnistiado poco después, el Ministro de la Guerra, amigo de Prim, lo nombró Capitán General de Puerto Rico en 1847, donde se aplicó con el máximo rigor contra la guerrilla. Recibió el reconocimiento de Dinamarca tras auxiliar militarmente a las Antillas Danesas de una invasión de Martinica.

Declarada la Guerra de Crimea en 1853 entre Inglaterra, Francia e Imperio Otomano por un lado y Rusia por otro, el incansable Prim pidió y obtuvo su designación como delegado español en el frente turco, siendo reconocida su cualificación por el sultán de Constantinopla por sus consejos sobre la colocación de la artillería.

Declarada la Guerra de África, Prim solicitó incorporarse a la fuerza expedicionaria, lo cual hizo al frente de sus batallones y de los voluntarios catalanes, donde dio entonces muestras de su valor con acciones heroicas.  Después Prim volvió a España siendo recibido en Cataluña de manera apoteósica. Sus aventuras continuaron en México en las operaciones militares que los aliados, Inglaterra, Francia y España llevaron a cabo en 1862. A su fin viajó a los Estados Unidos, entrevistándose como asesor cualificado con el general de la Unión McClellan, en plena Guerra de Secesión Estadounidense.

Su inquietud política le llevó a tener que exiliarse para evitar otro arresto, pero regresó apresuradamente para participar en el pronunciamiento que en 1868 destronó a Isabel II y abrió el proceso constitucional. Aunque algunas localidades aisladas proclamaron la Primera República precipitadamente, haciendo gala de una visión y planificación admirables, Prim era conocedor de la falta de preparación de España para una eliminación tajante de la monarquía. En el Gobierno, Prim se dedicó a eliminar a la casa de Borbón y a abrir el proceso para una constitución democrática con una nueva casa reinante de corte liberal.

Lamentablemente tampoco viviría para ver los frutos de su trabajo, porque el General Prim murió el 30 de diciembre de 1870, a causa de un atentado que sufrió por parte de sicarios conservadores.

Al cierre de este artículo, la comisión investigadora de la Universidad Camilo José Cela de Madrid que analiza su momia para determinar las causas reales de su muerte, aún no ha emitido su informe final. Gracias a dicho inapreciable trabajo podremos conocer más detalles sobre su muerte. Lo anecdótico y triste es que los restos fueron transportados desde el cementerio de Reus hacia el lugar de trabajo de la comisión por las autoridades locales y el féretro viajo cubierto por una bandera de Reus. La bandera de Reus en lugar de la española por la que vivió y murió. Postrer y ridículo egoísmo localista de unos acomplejados que son solo insectos incluso ante el desvencijado cadáver de un gigante como Joan Prim.

Les dejo con un paisano de Prim, Andreu Buenafuente, de Reus también. Poco diré de Buenafuente que no conozcan ya, salvo que es una persona con un alto compromiso con los más desfavorecidos que no le gusta airear. El video no es sólo humorístico sino que encierra bastante trasfondo para el que lo quiera entender. Solo el genio de Buenafuente puede emitir opiniones tan profundas y hacernos reír y al mismo tiempo.




Catalans, voleu córrer massa; no correu tant que podríeu ensopegar.
Catalanes, queréis correr mucho; no corráis tanto que os podréis tropezar
Joan Prim


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