jueves, 19 de julio de 2018

PON UN KIA EN TU VIDA. Y VERÁS.

Corea es uno de mis paises menos favoritos. Quizá con Bélgica, aunque aquí tengo un conflicto, por culpa de la cerveza. Lo siento, pero lo de Corea viene del mundial de futbol del mismo nombre, en el que la España de Joaquín fue injústamente apeada por una anfitriona que no se ha visto en otra (literalmente), mediante la compra de un indigente arbitral llamado Gamal al Ghandour. Si yo fuera espíritu errante, me estaría dedicando a aparecerme a este tipejo, pero con saña. El balón no salió, majadero, fue gol. Que las Furias te persigan, verguenza egipcia.

Sirva esta entradilla para divulgar un problema de consumo que ha afectado a mi buen amigo y compañero Jorge, usuario de la chapucera tecnología coreana. Aquí les dejo su testimonio tal cual, con mínima edición, pues Jorge escribe divinamente.

El pasado junio, de viaje por Cádiz, paré a repostar y me equivoqué de combustible (gasoil en lugar de gasolina). El lunes 18 de junio la grúa llevó mi coche, un KIA NIRO (hibrido) al concesionario oficial KIA TRASUR en Algeciras, donde el mecánico, al recibirlo, lo arrancó (según testimonio del operario de la grúa y que tengo por escrito) según él “en modo eléctrico”. Esto ya te da una idea del nivelito de los mecánicos, porque el KIA NIRO - a diferencia de los TOYOTA que tiene un botón que discrimina entre motor hibrido y de gasolina-, es la centralita la que “decide” qué motor entra y qué motor sale. En KIA TRASUR Algeciras permanece el coche durante tres días enteros sin que nadie le preste atención (según @kiaespana, tienen un plazo de 24/48 para responder), así que decido llevármelo a otro taller cercano donde llega el miércoles 20 sobre las 18:30. A las 19:00 llamo para comentarle el problema y el encargado me suelta que el coche está sin batería (también lo tengo por escrito), cosa a la que en ese momento no doy importancia.

Al día siguiente, jueves 21, sobre mediodía me llaman del segundo taller para decirme que el cambio de combustible está hecho, pero que al tratar de arrancarlo la pantalla del salpicadero da un error “del motor hibrido” y el coche no arranca (ya empieza a cobrar protagonismo el tema de la batería).
El viernes 22 pago una grúa y me lo traigo a Sevilla. Durante toda la semana siguiente, del 25 al 29, se dedican en @kiaespana a “interpretar” desde Madrid los datos de la máquina de diagnóstico con el resultado de: Batería de alta del hibrido por debajo del nivel crítico de carga, es decir, la batería a la basura. En ese momento me llaman para darme la noticia en persona y me comentan que puede ser debido a haberse dejado el motor encendido. (Posteriormente he pedido en varias ocasiones que me pongan eso por escrito, pero se han negado).

Durante la semana siguiente tratan de salvar la batería siguiendo los pasos que le indican, otra vez desde Madrid, sin que puedan rearmarla. Total, batería nueva, 4.500€ + IVA (sin contar mano de obra), y un mes sin coche, sin que nadie me dé explicaciones de por qué se ha estropeado, eso sí, han puesto por escrito que no es de fabricación y que no lo cubre la garantía.

Se presentan, según mi opinión y con los datos que poseo, tres opciones.
  1. Que al repostar gasoil en lugar de gasolina esto afectara a la batería, lo cual sería un defecto grave de diseño.
  2. Que no sepan por qué se ha ido la batería y le pueda ocurrir a cualquiera en cualquier momento, lo cual sería un defecto grave de diseño.
  3. Que efectivamente, dejaran el motor arrancado y ese fuera el causante del fallo en la batería, lo cual sería un defecto grave de diseño, dado que hoy día cualquier móvil con batería de litio (como la del coche) tiene un sistema de seguridad que evita que se descargue por debajo de cierto nivel, que hace que la batería sea irrecuperable.
Mi consejo, que nadie compre un hibrido de KIA sin que esté dispuesto a asumir el riesgo de que en cualquier momento se le pueda ir la batería de alta.
Lo de no fiarme de los coreanos no me coge de sopresa. Sí me deja de piedra la fragilidad tecnológica de los coches híbridos, sobre los que había pensado seriamente en ocasiones. 

Hasta ahora, por supuesto.

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