domingo, 1 de mayo de 2016

CREATIVIDAD PARA TODOS



 
En el fondo del melancólico y silencioso valle, al pie de las últimas ondulaciones del Moncayo, que levantaba sus aéreas cumbres coronadas de nieve y de nubes, medio ocultas entre el follaje oscuro de sus verdes alamedas y heridas por la última luz del sol poniente, vi las vetustas murallas y las puntiagudas torres del monasterio, en donde ya instalado en una celda, y haciendo una vida mitad por mitad literaria y campestre, espera vuestro compañero y amigo recobrar la salud, si Dios es servido de ello, y ayudaros á soportar la pesada carga del periódico en cuanto la enfermedad y su natural propensión á la vagancia se lo permitan.



Gordium, Frigia, 333 a.C. Última hora. Los macedonios han entrado en la ciudad. Su líder está siendo agasajado por las autoridades locales, agradecidas por haber respetado su ciudad y sus cuellos. Quizá después de todo, estos europeos sean mejores gobernantes que los sátrapas persas, que lo hacían con el látigo y el miedo. La comitiva llega al templo de Sabazius, donde aún se halla el carro del rey Gordias, que su hijo Midas ató con un nudo de cornejo. Aunque hace mucho tiempo que murió Midas, nadie desde entonces ha sido capaz de desatar este nudo legendario, cuyos cabos no parecen tener ni principio ni fin. El rey de los macedonios está intentando deshacerlo, sin éxito, como todos los que lo intentan. Pero, un momento… porque, calmadamente, saca su espada y… señores, acaba de cortar el nudo. Noticia de alcance: Alejandro III de Macedonia, hijo Filipo, acaba de cortar por las buenas el legendario nudo gordiano. Y tan campante, continúa su visita, rodeado de sus generales (que se van riendo), mientras los sacerdotes del templo siguen con las bocas abiertas, incrédulos ante lo que ha ocurrido. Sin duda, este Alejandro está cambiando el mundo, nunca nada será igual después de él.

(Tenemos que aclarar que en la versión de Aristóbulo de la misma leyenda, sencillamente Alejandro Magno encuentra la forma de desatar el nudo gordiano de forma pacífica. Pero a mí, perdónenme, me gusta más la solución creativa de Alejandro de cortarlo por las bravas.) 

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La creatividad. Seguramente todos hemos leído en los artículos difundidos por las redes sociales sobre la importancia de ser creativo y cómo, para lograrlo, hay que lograr liberar la mente. Y muchos de nosotros, repanchingados en nuestra zona de confort, no prestamos demasiada atención a esto de la creatividad. Nos parece cosa de artistas, de músicos, casi de genios. Un don para elegidos, entre los que no tenemos el honor de contarnos.

Me he propuesto escribir este artículo por si es de utilidad a quienes se interesen por estimular o descubrir su creatividad. Porque hubo un tiempo en que olvidé que yo era creativo. Los guiones de la vida y las convenciones sociales me moldearon de forma que mi creatividad quedó, primero apartada, después arrinconada y por último olvidada. Hasta que un día, con ayuda de mi coach, descubrí o, mejor dicho, recordé todo lo creativo que yo era. Y descubrir aquello fue como reencontrarme con mi niño interior, con quien yo era verdaderamente, sin los añadidos ni postizos que la vida me fue colgando. 

Así que dejaré aquí unas cuantas ideas propias acerca de la creatividad.

Pero ¿qué es la creatividad? El diccionario de la RAE resulta bastante parco cuando la define como facultad de crear, capacidad de creación. Tradicionalmente, los artistas la llamaban genio o inspiración. En la Antigüedad se atribuía a la intervención divina, la capacidad de crear. Así en la Grecia antigua, los poetas o músicos (que eran básicamente lo mismo) no lograban dar pie con bola sin la ayuda de las Musas, divinidades hijas de Zeus, que concedían la gracia de la composición artística. Pero la creatividad es, entendida de forma amplia, la capacidad de innovar nuevos productos, procesos, ideas o soluciones a partir de los recursos presentes. También es la capacidad de ordenar o transformar los objetos o ideas a nuestra disposición, configurando conjuntos nuevos a partir de otros diferentes o a partir del caos. Mozart no inventó las notas ni los instrumentos musicales, pero logró disponerlos en orden y frecuencia tal, que pudo crear su misa de Requiem, a mi parecer, la obra maestra de la música universal.

 La creación puede moldear a los materiales oscuros e informes, pero no puede crearlos. Debe reconocerse que la invención no se funda en crear de la nada, sino del caos.
Mary Shelley 1797-1851

¿Para qué es importante ser creativo o imaginativo? La respuesta a esta pregunta depende de ti. Hay personas más o menos creativas e imaginativas por nacimiento. Igual que hay personas más o menos inquietas, curiosas o inconformistas por naturaleza. Las personas creativas son más positivas (y viceversa) y buscan soluciones a los problemas de la vida. Suelen ser personas que tienen una base emocional muy desarrollada y bien gestionada. Está demostrado que encontramos más atractivos sexualmente a hombres o mujeres que nos resultan creativos o imaginativos. La felicidad y la creatividad pueden estar relacionadas pero no siempre. Hay personas que son felices con su creatividad y personas que son totalmente felices en ausencia de ella. Pero esto es aplicable a muchas otras variables, como la riqueza, el amor o las relaciones sociales: la felicidad, como medida de la satisfacción de necesidades es algo tan variable como difícil de medir. Por mi parte, he conocido a personas que aborrecían todo tipo de responsabilidad o notoriedad, sintiéndose más felices cuanto más dirigidos o supervisados estaban. Y me he cruzado, en la vida y en los libros, con personas permanentemente insatisfechas con sus numerosos logros. Queda a tu decisión, cómo serás más feliz, pleno y realizado. Benjamin Franklin dividió a la humanidad en tres clases: los que no se mueven, los que se mueven y los que mueven. Puedes ser feliz en cualquiera de los tres grupos. Tú decides.

Cayo Julio Cesar
Como cuestor le tocó en suerte la Hispania Ulterior. Allí, en su recorrido por las diversas audiencias de esta provincia para administrar en ellas justicia por encargo del pretor, llegó a Gades, donde vio junto al templo de Hércules la estatua de Alejandro Magno, entonces se puso a llorar y, como hastiado de su inacción, porque, según él, no había realizado aun nada memorable a la edad en que ya Alejandro había sometido el orbe terrestre, solicitó de inmediato el relevo, para aprovechar cuanto antes en la Ciudad las ocasiones de emprender asuntos de mayor envergadura.

Cayo Suetonio Tranquilo, Vidas de Cesares, Libro I, 7

¿Es posible estimular y educar nuestra creatividad? Desde luego que sí. Sea cual sea nuestra capacidad o propensión innatas a la creatividad, hay formas de potenciarla. Por supuesto, en primer lugar, lea. Libros, se entiende. Sea curioso. Sin una ambición por el estudio y por el saber, difícilmente crearemos nuevas obras, porque careceremos de esos recursos que la creatividad transforma o reordena. Podemos ser genios innatos como Alejandro, pero también podemos ser tan creativos como Napoléon, que basó toda su creatividad en el estudio de los antiguos líderes como César o el mismo Alejandro.

Y sobre todo mande al recreo a su mente. Esto parece más fácil decirlo que hacerlo. Es lo que solemos llamar “desconectar”, algo que todos dicen pero que casi nadie hace. Para crear, para permitir que surjan las ideas hay que estar soberanamente aburrido. Sí, como lo oyen, hay que holgazanear como un perro. Y no sirven los horarios actuales: la semana laboral occidental de 40 horas es, sencillamente, enemiga de la creatividad. “Ocho horas para trabajar, ocho horas para dormir y ocho horas para vivir” dicen los expertos. El primer fallo es que esta máxima no considera el trabajo como vida. Si el sueño tampoco lo es, entonces resulta que vivimos un tercio del tiempo que creemos vivir. Sin embargo, esto tampoco es vida si descontamos los deberes con la Administración, atender a los hijos, ir de compras, limpiar y el resto de tareas de la casa, etc. Después de un fin de semana de compras y limpieza muchos no tienen sensación de haber “desconectado” precisamente.  Entonces ¿cuánto vivimos realmente? Para generar ideas o bien convierte usted su pasión en su trabajo o bien, si no tiene más remedio que trabajar para otro, reduce ese tiempo lo más posible. Ordene su tiempo de modo que tenga suficientes horas para no hacer nada (ver la tele no sirve). Esto supone un esfuerzo consciente de gestión del tiempo y si no se lo toma en serio, este tiempo de abulia nunca estará disponible. Si planifica irse de vacaciones y llena su agenda de actividades, volverá tan cansado como se fue. De paseos junto al mar, practique deportes que le permitan pensar al mismo tiempo o visite museos. Y quédese solo. La soledad es importante de vez en cuando. Las manualidades son actividades muy recomendables. Practicar la meditación (o la oración si es usted religioso) estimulará su mente y la predispondrá para generar ideas.

Así que ya sabe, es bien fácil. Sea vago. De vez en cuando.

En el fondo del melancólico y silencioso valle, al pie de las últimas ondulaciones del Moncayo, que levantaba sus aéreas cumbres coronadas de nieve y de nubes, medio ocultas entre el follaje oscuro de sus verdes alamedas y heridas por la última luz del sol poniente, vi las vetustas murallas y las puntiagudas torres del monasterio, en donde ya instalado en una celda, y haciendo una vida mitad por mitad literaria y campestre, espera vuestro compañero y amigo recobrar la salud, si Dios es servido de ello, y ayudaros á soportar la pesada carga del periódico en cuanto la enfermedad y su natural propensión á la vagancia se lo permitan.

Gustavo Adolfo Becquer, 1836-1870
Cartas desde mi celda






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