domingo, 27 de abril de 2014

UNA LEGION PARA SEVILLA



Para la mayoría de sevillanos la palabra Trajano no designa mucho más que estrecha calle que, desde el centro de la ciudad, alcanza la Alameda de Hércules. Poca o ninguna conexión mental establece el ciudadano entre el callejero y la figura de quien, un día del siglo I de nuestra era, nació en sus proximidades bajo el nombre de Marco Ulpio Trajano. Un hombre sencillo, que a base de trabajo, honestidad y empeño fue de tal modo aceptado en la élite del Imperio que alcanzó su más alta magistratura. Desde el 98 y con su nuevo nombre de Imperator César Nerva Trajano Augusto, gobernó los destinos del imperio más importante de la historia hasta su muerte en el 117. 
Marco Ulpio Trajano

Poco honor hemos hecho los sevillanos a nuestro paisano más ilustre. Hasta ahora…

En la ciudad de Hispalis, que baña el rio Betis, un grupo de locos por Roma, se ha propuesto resucitar a una de las legiones creadas por Trajano. Una que bautizó en honor a su familia y que se llevó puesta a su campaña de conquista de la Dacia, la LEGIO XXX ULPIA VICTRIX. Harán realidad y traerán de vuelta a la vida la unidad militar juntamente con el grupo de mujeres EGO FEMINA, que recrearán diversos aspectos de la vida de la mujer romana.

La recreación histórica ha sido definida como aquella actividad recreativa y educativa por la que un grupo de hombres y mujeres reviven, lo más fielmente posible, un hecho o periodo de la Historia. Se utiliza con frecuencia el término inglés Living History, historia viviente, para designar un modo de mostrar y difundir la historia muy diferente del academicismo tradicional, que solo está al alcance de unos pocos iniciados. En la recreación histórica caben muchas opciones, desde la Antigüedad hasta la Segunda Guerra Mundial, pasando por el medievo y las guerras napoleónicas. Desde las unidades militares hasta la gastronomía, pasando por la religión o la medicina, miles de grupos y asociaciones de recreación histórica devuelven a la vida aquello que fuimos y nos trajo hasta aquí.

No es casualidad que la recreación histórica nunca haya pasado de moda. Fueron los mismos romanos quienes disfrutaban de ella, reproduciendo en sus anfiteatros escenas y batallas de su propia historia, para disfrute e instrucción de todos los asistentes. La tradición se mantuvo durante la Edad Media, donde los Imperios Bizantino y el Sacro Romano Germánico organizaban celebraciones donde se conmemoraban hechos de la antigüedad. 

En la actualidad, este movimiento se encuentra extendido por muchos países, no siendo España el último de ellos. Las industrias del teatro y del cine, con frecuencia han recurrido (y remunerado) a los grupos  y asociaciones de recreación histórica. Películas como Gettysburg, El Patriota o Alatriste, han contado con la participación de grupos de recreación histórica, lo cual les proporcionó (a un módico coste) un grado tal de autenticidad y calidad, que fue bien apreciado por el público. Hoy día, Universidades, Museos e Institutos Culturales se interesan por una actividad que, naciendo desde la seriedad y el rigor, puede incluso convertirse en foco cultural y de atracción turística.

Pero, como en la vida, no bastan las palabras. Hay que pasar a la acción.

La Historia es de aquellos que la hicieron, no de los que solo se quedaron mirando. Así que este puñado de sevillanos entre los que tengo el honor de contarme, hombres y mujeres corrientes, hemos decidido pasar a la Historia. Con el apoyo manifiesto del Instituto de Cultura y Artes de Sevilla, el Museo Arqueológico de Sevilla y reconocidas autoridades académicas, hemos optado por dar la orden de avance y poner en pie en Sevilla aquello que siempre habíamos soñado.


¿Qué nos lleva a participar en un grupo de recreación histórica? Podría escribir varias líneas sobre esto. Pero se me entenderá mejor con una anécdota.

Un célebre arqueólogo subacuático francés, cuya obra tuve el honor de traducir al castellano, me dijo una vez en Portugal: “Dentro de este cuerpo de sesenta y tantos, sigue habitando el niño de diez años que fui”. Me sentí completamente identificado. Este genio de la arqueología confesaba en voz alta aquello que a muchos nos avergüenza, continuar siendo niños por dentro, mantener los sueños y la curiosidad propios de los diez años. Se equivocan los que piensan que hacerse adulto es dejar de ser niño. Quien es niño siempre, nunca envejece. Y este arqueólogo ha dejado libre a su niño interior, hasta el punto de escribir unos cuantos libros y convertirse en referencia mundial de la arqueología.


Les dejaré con una frase que cierra el libro que leí cuando tenía diez años. Para mí resume, no solo lo que es la pasión por la historia de Roma, sino la pasión por la historia en general. Se trata de Historia de Roma, ensayo histórico del recientemente fallecido Indro Montanelli. Fue el primer libro que leí por gusto, sin que formara parte de mi educación. Aquel pequeño libro, despertó en mi interior la curiosidad por la Historia.

Una curiosidad que hoy en día todavía sigue igual de viva.

Jamás ciudad del Mundo tuvo una aventura más maravillosa. Su historia es tan grande que hace parecer pequeñísimos hasta a los gigantescos delitos que la siembran. Tal vez una de las desdichas de Italia sea esta precisamente: tener por capital una ciudad desproporcionada, por su nombre y su pasado, con la modestia de un pueblo que, cuando grita: “Aúpa, Roma”, alude tan solo a un equipo de fútbol.
Indro Montanelli
Artículo patrocinado por LA CASA DEL RECREADOR, material de recreación histórica.


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