jueves, 7 de septiembre de 2017

LA CIVILIZACION REVERSIBLE

Lo que no es tolerable es precisamente la intolerancia, el fanatismo, y todo lo que pueda conducir a ello



He querido comenzar este artículo de mi blog con este video, que resume de una forma magistral su punto de vista. Es una escena de la archiconocida La vida de Brian, en la que unos radicales judíos debaten acerca de los beneficios de la conquista romana y las ventajas o desventajas recibidas. El Imperio que los romanos establecieron supuso la extensión de la civilización y el progreso, una fertilización cultural, social y tecnológica que cambió la vida de sus habitantes durante generaciones. A veces, esta expansión se realizaba de forma pacífica e incruenta pero también es cierto que, con frecuencia, los pueblos eran anexionados por la fuerza de las armas, en largas guerras en las que los romanos se acababan imponiendo a un conquistado, que tardaba en aceptar esta dominación. Hasta el siglo V de nuestra era, el Imperio Romano fue el estado más eficiente, moderno y avanzado de su tiempo. De hecho, fue, quizá junto con el Chino, el único Estado que podía denominarse como tal, de entre todas las naciones que habitaban el Planeta. Durante generaciones, sus habitantes gozaron en su interior de un nivel de vida, seguridad y prosperidad muy superior a todo lo que podía encontrarse fuera. Desde Britania hasta Mesopotamia, la curva del progreso económico, político, ideológico y cultural fue ascendente durante siglos.

Y sin embargo, todo eso acabó. 

Fuerzas externas junto con debilidades y complacencias internas, provocaron su caída, desmembramiento y desintegración. La civilización romana de Occidente fue destruida y sustituida por una amalgama de estados dominados por élites germánicas, cuyas fuerzas habían derrotado a un exhausto ejército romano. Todo tipo de godos, francos, alanos y anglos comparten el dudoso honor de inaugurar los oscuros años de la Edad Media. Solo la parte Oriental del Imperio mantuvo encendida la luz de la civilización durante toda la Edad Media, aunque su extinción acabó verificándose en cómodos plazos entre 1204 y 1453. Su propio nombre, Edad Media, designa aquello que se encuentra entre un principio y un fin.

En Occidente, el recuerdo y la añoranza del Imperio Romano perduró en el inconsciente colectivo durante siglos, convirtiéndose en el ideal a añorar y recuperar. El eco de un mundo en el que imperaban el derecho, la paz y la prosperidad está en el fondo de las leyendas artúricas. Hasta el siglo XV la civilización occidental casi detuvo su progreso económico y social. A ese siglo los historiadores lo llamaron el siglo del Renacimiento: hubo que volver a nacer, recuperando el progreso allí donde se quedó, en el fin de la Antiguedad. En la cultura, en el derecho, en las artes y en la ciencia, la Humanidad retomó su progreso allí donde lo había dejado y justo cuando los turcos apagaban la luz de Constantinopla. A partir de ahí, durante la Edad Moderna, Occidente avanzó, de un modo bastante inconstante, por la senda del progreso, sacudiéndose una lacra medieval tras otra, hasta nuestra era actual, curzando etapas con nombres tan sugesitovos como Edad Moderna o Ilustración.

Como vemos, la historia de la Humanidad no ha sido siempre un camino de progreso. La regresión, el retroceso de los avances y los logros sociales, culturales y científicos es un fenómeno completamente real y comprobado. Si necesita el lector ejemplos más concretos y cercanos, puede tomar algunos de nuestra propia Historia, la de España, donde encontrará algunos “vivan las cadenas”, mucha inquisición y bastantes luchas fratricidas, hechos que han mantenido a nuestro país a la cola de Occidente hasta finales del siglo XX.  Si es ambicioso, puede el lector progresar en el estudio de civilizaciones perdidas, donde se dará de bruces con el moderno debate de si ésta que conocemos, es o no la primera Humanidad de la Tierra.

En realidad, el progreso puede adquirir distintas velocidades según las zonas del mundo, donde vemos que una mera frontera separa hoy a pueblos sumidos en la Edad Media de otros que se han ganado a pulso su estatus actual.
Parlamentarias antes y despues de la Revolución Islámica

Porque al final, lo que realmente alarma es que la civilización parece ser reversible. Países que han disfrutado de un grado de bienestar y libertades moderno han venido sufriendo regresiones revolucionarias y en ocasiones violentas para volver a la Edad Media. En Occidente nos pasaron casi desapercibidas. Pero fueron numerosos los países donde la versión más rancia y casposa del Islam hincó sus roídos dientes para lograr subsistir. Como un monstruo de otro tiempo que se niega a morir, el Islam medieval se impuso allí donde la debilidad de los moderados se lo permitió. Financiado por grandes fortunas y la errónea política exterior de los Estados Unidos, el monstruo se hizo con un poder que nunca debió tener. Y allí, los derechos sociales, las libertades, la cultura y el progreso se volaron por los aires con ayuda del miedo, el atraso ideológico, la violencia y la represión. Los europeos casi ni nos enteramos.

Pero ahora nos estamos enterando. Y si lo hicimos fue a través de unas noticias que nos presentaban aquellos hechos, envueltos en un celofán de buenismo, de ingenuidad y buenismo, de simpatía y romanticismo. Qué lindas las primaveras árabes.

Debemos enterarnos de que la nuestra, nuestra civilización también es reversible. Europa se está enterando de las amenazas que penden sobre su estilo de vida, a su progreso, a su filosofía de entendimiento de la libertad, la sociedad y el progreso. Las amenazas se han colado hasta la cocina gracias a nuestra complacencia que, disfrazada de buenismo, adornan nuestro pecho como si fuéramos generales muy condecorados. Como en el Imperio Romano, las debilidades internas se pueden aliar con las amenazas externas, para dar al traste con siglos de avances y conquistas sociales. 

Son sin dudas, cuestiones a tener en cuenta, no para vivir con miedo, sino para nunca dormirse. Son reflexiones que nos invitan a no bajar la guardia, a permanecer alerta, a actuar con toda la firmeza de la fuerza contra aquellos que se propongan aprovecharse de nuestro progreso para imponer su viaje a la Edad Media.

Terminaré con todo un párrafo de Karl Popper, de su libro La sociedad abierta y sus enemigos;
Menos conocida es la paradoja de la tolerancia: La tolerancia ilimitada debe conducir a la desaparición de la tolerancia. Si extendemos la tolerancia ilimitada aun a aquellos que son intolerantes; si no nos hallamos preparados para defender una sociedad tolerante contra las tropelías de los intolerantes, el resultado será la destrucción de los tolerantes y, junto como ellos, de la tolerancia. Con este planteamiento no queremos significar, por ejemplo, que siempre debamos impedir la expresión de concepciones filosóficas intolerantes; mientras podamos contrarrestarlas mediante argumentos racionales y mantenerlas en jaque ante la opinión pública, su prohibición sería, por cierto, poco prudente. Pero debemos reclamar el derecho de prohibirlas, si es necesario por la fuerza, pues bien puede suceder que no estén destinadas a imponérsenos en el plano de los argumentos racionales, sino que, por el contrarío, comiencen por acusar a todo razonamiento; así, pueden prohibir a sus adeptos, por ejemplo, que prestan oídos a los razonamientos racionales, acusándolos de engañosos, y que les enseñan a responder a los argumentos mediante el uso de los puños o las armas. Deberemos reclamar entonces, en nombre de la tolerancia, el derecho a no tolerar a los intolerantes. Deberemos exigir que todo movimiento que predique la intolerancia quede al margen de la ley y que se considere criminal cualquier incitación a la intolerancia y a la persecución, de la misma manera que en el caso de la incitación al homicidio, al secuestro o al tráfico de esclavos.
Hasta la próxima.


Lo que no es tolerable es precisamente la intolerancia, el fanatismo, y todo lo que pueda conducir a ello.
Voltaire 1644-1778
Historiador, filósofo, escritor y abogado francés


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