martes, 26 de enero de 2016

INSPIRING LEADERSHIP: ROMPIENDO LAS REGLAS



La insubordinación solo es evidencia de una mente poderosa.


Copenhague, 2 de abril de 1801 a bordo del HMS Elephant:
-      ¡Lord Nelson, el Almirante Parker ha izado la señal de cancelar el ataque! ¡Nos ordena replegarnos sobre el grueso de la flota!
-       Señor Langford, le tengo dicho que mantenga sus ojos fijos en la flota danesa y me avise en cuanto icen la señal de rendición. Vaya y no aparte sus ojos de ellos.
-          Sí Mylord…
-         ¿Sabe usted señor Foley? Soy tuerto de un ojo, por tanto, oficialmente tengo todo el derecho a ser ciego la mitad de las veces. Ciertamente… no soy capaz de ver esa señal.
Este fue exactamente el relato de los hechos que realizó Sir Thomas Foley, de cómo se ganó la Batalla de Copenhague y cómo el Vicealmirante Nelson desobedeció una orden tajante de su superior directo, colocándose el catalejo en su ojo tuerto para demostrar que no podía ver la señal de retirada. La batalla acabó con una victoria inglesa y con la promoción de Nelson a Comandante de la Flota del Báltico, por parte de un agradecido Almirantazgo.

Aquel día, la desobediencia y la ruptura de las reglas consiguieron la meta propuesta al comienzo de la jornada. Con frecuencia leemos y escuchamos las recomendaciones del management moderno, que nos hablan de romper las normas de vez en cuando, atrevernos a salir de las pistas de rodaje convencionales. Pero un ejemplo vivo, vale más que mil lecciones en una Business School. Nada como la imagen de un líder rompedor de reglas para comprender de qué va eso de saltarse las normas para cambiar, para mejorar, para volar. Les traigo aquí hoy relatos breves del ejemplo de este hombre rebelde, un insubordinado de la vida, casi un ácrata que llamaríamos hoy.

No hacer nada habría sido vergonzoso.
Así que utilicé mi inteligencia.
Horatio Nelson.

Antes de empezar deberíamos recordar que Horatio Nelson era un hombre capaz de sobreponerse a los fracasos más dolorosos. Pocos ejemplos de resiliencia encontraremos mejores que éste. Como sabemos, era tuerto del ojo derecho, por una herida recibida en Córcega en 1794. En 1797 un cañonazo español le arranca el brazo derecho, ante las costas de Tenerife. Nelson era lo que hoy diríamos un minusválido, un tullido. Convaleciente de su brazo, él mismo desconfiaba de que le permitieran seguir en servicio. Sin embargo, aprendió a escribir y a valerse con la mano izquierda en todas las tareas y, no solo volvió al servicio activo, sino que acabó convertido en leyenda.

Pero volviendo al tema que nos ocupa, debemos recordar que, sobre todo, Horatio Nelson era militar. Se dedicaba, por tanto, al oficio de cumplir reglas por antonomasia. Pero, como decimos, le traemos hoy aquí porque pasó a la historia por todo lo contrario. En 1797, en la batalla del Cabo de San Vicente había desobedecido a su almirante, Sir John Jervis. Lo exitoso de su acción hizo que no fuera reprendido: el viejo Jervis sabía reconocer el talento, más allá de la rebeldía.
El deber es lo primero en un oficial naval (Nelson)

Un año después, el rebelde Nelson dirigió una flota británica a la caza de la escuadra francesa fondeada frente a Abukir. El objetivo, destruir la amenaza naval en el Mediterráneo e impedir al ejército expedicionario francés de Egipto volver a Francia por mar. El almirante francés Brueys configuró su formación para ofrecer una línea de combate ininterrumpida, lo suficientemente cercana a la costa como para no permitir ser rodeada por el enemigo, sin que este se arriesgarse a varar sus propias unidades. Pero allí, frente a los bajos de la bahía de Abukir, la mente de Nelson evaluó eficazmente las probabilidades de que sus unidades quedaran varadas: estimó los riesgos y las probabilidades de éxito. A pesar de que los usos navales aconsejaban no arriesgar una escuadra metiéndola en unos bajos sin cartografiar, Nelson calculó mejor y arriesgó más que su adversario: la flota británica rodeó a la francesa de tal modo que cada navío francés quedó expuesto al fuego de dos o más barcos ingleses, la regla de oro del combate naval del XVIII. La incontestable victoria británica selló para siempre el predominio naval de Gran Bretaña en el Mediterráneo. 

Como vemos Nelson era un hombre tan comprometido con su deber y con sus metas, que no dudaba en desobedecer órdenes de sus superiores o reglas de la guerra, si consideraba que unas u otras le podían impedir alcanzar los objetivos que se esperaban de él. 

Pero es muy importante no olvidar que Horatio Nelson era un militar y tenía un profundo respeto por las ordenanzas. No había para él nada más sagrado que el cumplimiento del deber bajo la disciplina militar. Era un hombre de reglas, que respetaba y hacía respetar. 

Con todo esto, ¿qué lecciones deberíamos aprender para su aplicación en nuestra vida profesional?, ¿cuál sería el liderazgo inspirador que nos enseña Nelson, con su vida y hechos?
  • Respeta las normas, créalas y comunícalas claramente a tu equipo. Solo con reglas funcionan las grandes organizaciones. Los miembros del equipo demandarán un marco de reglas claro y práctico, al que poder atenerse en cada situación. Si las reglas no están claras, no tardarán en aparecer los fallos y los conflictos.
  • Como líder, no seas esclavo de las reglas, ni siquiera de las que tú mismo has creado. Ten presente que las reglas se crean para servir a una finalidad: alcanzar las metas de la organización (cifras de ventas, de beneficios, de crecimiento, de inversión, de rentabilidad,…). Caerás en el absurdo respetando las reglas si te alejan de tus objetivos por culpa de las circunstancias.
  • No hay reglas absolutas ni perfectas. No dudes en ignorar las reglas, por muy sagradas que parezcan, si pueden impedirte alcanzar tus objetivos. Tu juicio y tu experiencia te dirán cuándo debes declararte en rebeldía, por el bien común.
  • Se audaz, no prefieras la comodidad de las normas a los riesgos de cambiarlas. Nadie te admirará por ser un buen soldado, solo el genio consigue sobresalir sobre el común y generar liderazgo.
  • Transmite a tus subordinados los valores de la libertad, la creatividad, la iniciativa y la acción, hazles perder el miedo al error y sus consecuencias. En Trafalgar, sabedor de la magnitud de la batalla y de lo dificil que cada capitán tendría ver las órdenes desplegadas desde el Victory, dejó claro a sus subordinados que "ningún capitan se equivocará si situa su barco junto a uno enemigo".  
  • Delega y confía. Delegar conlleva asumir las acciones de los subordinados, ser conscientes de que quedas en sus manos. Debes confiar en ellos y esa confianza generará, de por sí, el impulso motivador que necesita tu equipo. Justo cuando sus dos líneas se dirigían en perpendicular hacia la flota combinada en Trafalgar, desde su nave almirante se desplegaron las señales con su última recomedación: "Inglaterra espera que cada cual cumpla con su deber", algo que electrizó de motivación a toda la flota.
  • Emma Hamilton
  • Pero Nelson nos da también una lección adicional: ten el valor de escuchar a tu corazón. Porque, si pensamos que nuestro viejo amigo Nelson era solo rebelde en el ámbito laboral, nos quedaremos cortos, muy cortos. Siendo un hombre casado, se enamoró de Emma Hamilton, una mujer también casada, y nada menos que con el embajador inglés en Nápoles, Lord Hamilton. Un romance que, hecho público, causó indignación en la puritana Inglaterra de aquella época. No contento con aquello, se fue a vivir con ella, tuvieron una hija, Horatia, y dejaron a la posteridad testimonio de su amor en numerosas cartas que nos han llegado. Nelson hizo incluso todo lo posible porque el gobierno la sostuviera después de su muerte. Pero el Almirantazgo destinó los fondos al hermano de Nelson en lugar de a Emma y la hija de ambos.
Así que, más allá de los desafueros del patrioterimo español, haríamos bien en aprender de esta figura histórica colosal. Sin duda, nos transmite un inspiring leadership, un liderazgo inspirador, que como tantos otros personajes históricos, nos habla desde los libros... de Historia... ¿o de Gestion de Equipos?.
 


La insubordinación solo es evidencia de una mente poderosa.
Napoleon Bonaparte

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