"Ahora estamos aquí para ser los recuerdos de nuestros hijos"
Joseph Cooper
Eras tan pequeño y frágil que no
sabía cómo cogerte.
Llevaba tiempo queriéndote
sin saberlo, sin ponerte cara, sin haber visto tus ojos. Tenía tanto miedo por
todas las cosas que podían ir mal, que no era consciente de la felicidad que traías
contigo. Quizá no fui consciente nunca. Y quizá ahora, el hecho de escribir
estas líneas me ayude a compendiar la dicha que trajiste a mis días.
Hoy es un día especial para ti. Y
también lo es para mí. Hago recopilación de algunas imágenes de estos años tan
felices que acaban de pasar. Años llenos de meses y de días, tiempo durante el que tú
has crecido en tamaño y en conocimiento, para mi felicidad y la de todos los que te
rodeamos.
Por ti he sido fuerte en la
adversidad. Y no me duraban los momentos de flaqueza, si pensaba en que me
necesitabas. Ser padre me ha hecho mejor persona, más sólido y resistente. También
trajo a mi vida preocupaciones y desvelos que antes no tenía. Y tal parece que así
debe ser según John Rooney, que un día me dijo, “es ley de vida:
los hijos están en la Tierra para preocupar a sus padres”.
Sería esa ley la que
me hacía acercarme a tu cama en medio de la noche y comprobar que todo estaba
en orden. La misma ley que aún hoy me quita el sueño si no se dónde estás o cuánto
tardarás en llegar. Y la misma que hacía saltar de alegría mi corazón al recogerte
del cole de primaria y ver tu carita feliz entre la pequeña bulla de niños
que aparecían por las puertas.
Tu niñez se fue, escapando como arena entre mis dedos. Quise retenerla para siempre, pero el Tiempo pasó diferente para los dos. Para ti fueron años. Para mi un instante diminuto.
Ahora eres un jovencito más alto
y fuerte que yo. Ya no te ríes tanto, ni puedo jugar contigo, ni te dejas
abrazar, ni tocar, ni besar todo el tiempo. Los padres tendemos a extender
nuestros mimos, cuidados y supervisiones más allá de la infancia, en una suerte
de policía vitalicia de la vida de nuestros hijos. Vano intento: ellos, como antes
nosotros, son dueños de su propia vida, para lo bueno y lo malo. Tampoco son clones
de nosotros mismos y no compartimos todo lo que nos gusta. Proyectamos en ellos
nuestros deseos y creencias, deseando de algún modo que sean copias de
nosotros, mucho mejores que nosotros. Queremos que compartan nuestros gustos,
opiniones y visión del mundo. Sin embargo, deberíamos saber, o recordar, que esos
planteamientos no pasan más allá de las intenciones. Compartimos algunas
aficiones, otras no. A mi me gusta el futbol, a ti no tanto.Y pensaba que me gustaba la tecnología hasta
que vi un teléfono móvil llegar a tus manos.
Hoy cumples dieciocho años. No
diré aquello de Misión Cumplida, porque la misión de un padre se extiende hasta
el día de su muerte. Pero sí puedo decir que, como tu padre, he hecho de ti un hombre, un
hombrecito aún, es verdad, pero hombre a fin de cuentas. A partir de ahora se
abren para ti nuevas puertas. Unas darán a caminos de dicha y felicidad. Otras te
llevarán por los espinosos barrancos del dolor y las dificultades. Pero todas
esconden mundos nuevos, territorios inexplorados y universos que descubrir. No
tengas miedo. Atrévete a cruzarlas, no te detengas.
Yo te estaré cuidando. En esta vida y en la otra.
Feliz decimoctavo cumpleaños. Feliz mayoría de edad.
Estoy seguro de que casi todos mis lectores habrán visto la
película Enemigo a las puertas, dirigida por Jean-Jacques Annaud. La historia
transcurre durante el asedio de Stalingrado en 1942-43 y se centra en la figura del
soldado Vasili Záitsev, a la postre héroe de la Unión Soviética, y su duelo
personal con el mayor König, por parte del ejército alemán.
Como toda novela histórica, basa sus personajes en personas
reales, de carne y hueso, que realmente existieron y participaron de un modo
u otro en aquel terrible episodio de la Segunda Mundial. Como tales personajes
adoptan unas actitudes, cualidades y acciones que no tienen que estar necesariamente
conectadas con la realidad histórica. Por ejemplo, según mis amigos historiadores,
no está nada claro que el papel de Nikita Khrushchev (interpretado por Bob
Hoskins) en aquella batalla fuera tan decisivo y protagonista. Ya lo hemos comentado
mucho, el cine es cine, nada más y nada menos, por lo que no insistiré en este
post en ello.
Lo importante, lo que más me gustó de la película, la escena
que me marcó, y la lección que quiero traer hoy a este blog es la que sigue.
En una habitación improvisada como cuartel general, Khrushchev
pide sugerencias al plantel de comisarios políticos. Sugerencias para cambiar
el desastroso estado de la moral de los hombres, que está al filo de convertir
Stalingrado en una derrota más que añadir a la larga lista de vergüenzas cometidas
por el Ejército Rojo en la defensa de su propio suelo. Unos cuantos balbucean
las medidas de siempre: dar ejemplo, ejecutar a los que se rindan, Gulag,
no, mejor fusilamiento sin piedad a los que retrocedan o muestren flaqueza ante el
enemigo…. Es decir, todo lo que ya se estaba haciendo, las medidas acostumbradas
de papá Stalin, el carnicero de Georgia.
Pero uno dijo algo diferente. El joven comisario Danilov (Joseph
Finnes), desde la segunda fila, responde
un escueto “¡Démosles esperanza!” (Give them hope!, en la versión original).
Cuando Khrushchev le interroga sin palabras, Danilov,
nervioso pero empujado por la fuerza que da creer con pasión en una idea, se
explica: "Aquí, la única opción que tienen los hombres es elegir entre las balas
de los alemanes y las nuestras. Pero hay otro camino: el camino del valor. El
camino del amor a la Madre Patria. Debemos publicar nuevamente el periódico del
ejército. Debemos contar historias extraordinarias, historias que exalten el
sacrificio, la valentía. Debemos hacerles creer en la victoria. Démosles
esperanza, orgullo, deseo de luchar. Sí, por supuesto, necesitamos dar
ejemplos, pero ejemplos a seguir”.
La razón por la que hoy traigo esta píldora motivacional a
mi blog es para tratar de luchar contra el aluvión de pesimismo que nos tratan
de inyectar en vena los medios de comunicación. No es asunto nuevo en mi blog,
que cuenta con varios artículos que denuncian esta manipulación mediática de la
conciencia colectiva y de las individuales. Esta intromisión violenta en
nuestra moral, con el objeto de desanimarnos, de abatir nuestro espíritu de
lucha, de adormecernos a base de eliminar de nuestra vida toda esperanza.
Y esta pandemia les ha proporcionado munición infinita para
acribillarnos desde sus púlpitos y allanar sin permiso nuestra felicidad, entrando
como elefante en cristalería, para desmontarnos cualquier atisbo de alegría.
Por todas partes surgen “expertos”, que saben mucho, y nos repiten
los mantras de siempre: “lo peor está por venir”, “esto se derrumba”, “agárrense
que vienen curvas”….
¿Que empezamos a superar la segunda ola de la pandemia?… ya comienzan
a anunciar la tercera. ¿Qué aparecen vacunas contra la enfermedad?... no son
seguras, se han producido demasiado deprisa, no son válidas, la gente desconfía
de ellas y tardarán muuuuucho en crear inmunidad de grupo. Y así todo… para robarnos nuestra esperanza.
Esperanza según la RAE es Estado de ánimo que surge cuando
se presenta como alcanzable lo que se desea.
Elpis era la diosa griega de la
esperanza, aunque no se le conocen templos. Los romanos la llamaron Spes y la
representaban como una joven que portaba una cornucopia y una flor. Ellos sí le
edificaron varios templos y fue una deidad importante en el culto de la ciudad.
El cristianismo, como habitualmente, difuminó a la diosa Spes asimilándola a la
madre de Cristo, de modo que hoy no es más que una advocación de su virgen María.
Si con este culto antiguo sucedió como en los demás, es más que probable que la
celebración de la Esperanza el 18 de diciembre fuera ya una tradición romana, importada
por el cristianismo a su santoral. Los cristianos definen también la Esperanza como una virtud teologal que se corresponde al anhelo de
felicidad puesto por Dios en el corazón de todo hombre; asume las esperanzas
que inspiran las actividades de los hombres; protege del desaliento; sostiene en todo
desfallecimiento.
El impulso de la esperanza preserva del egoísmo y conduce al amor. Seas cristiano o no, esta definición mola.
En mi ciudad, Spes-María sigue siendo una diosa independiente y cuenta con templos dedicados a la Esperanza, edificados ahora como iglesias cristianas. Desde pequeño he vivido con pasión el culto a la Esperanza, quizá por esto mi tierra sea un lugar alegre, donde el sol brilla aunque sea invierno y se nos conoce en todas partes por nuestro buen humor.
Sea de una forma u otra, parece muy simbólico el ubicarla previamente al final del año, justo antes de la festividad de Sol Invictus, la
Navidad cristiana, la fiesta del Amor y la Esperanza por antonomasia. Es por
esto por lo que he elegido el día de hoy para publicar este post, que ya tenía
escrito hace días.
Pues no dejéis que os roben la esperanza. Apartáos de los Jeremías
y demás profetas del Apocalipsis y del Telediario. Dejadlos solos vomitando sus embusteras predicciones
catastrofistas. Que esos malditos e inútiles “expertos” que surgen por todas partes se queden hablando
solos. Cambiad de canal en cuanto abran la boca para dar falsas predicciones de todo
lo malo que nos espera. Haced de todo para que no os roben vuestra esperanza. Proteged vuestra felicidad y vuestra alegría, pues
vuestra alma es vuestra y nadie tiene derecho a entrar con los zapatos llenos
de barro. Vosotros sois los dueños de vuestra moral. Sed focos de esperanza a vuestro alrededor.
Todo irá bien. Lo mejor está por venir. La economía mejorará
y la pandemia pasará más rápido de lo previsto. Los ingleses nos dan ejemplo
siendo los primeros. Ellos saben bien que el primer país en vacunarse será el
primero en reactivarse y levantar su economía. Superaremos lo que nos venga, problema tras problema y solución tras solución.
Este año mas que nunca, lucen espléndidos en mi casa el árbol de Navidad
y el Belén. Por otras partes brillan más luces y mis imprescindibles espumillones.
Nadie sabe muy bien qué es el Tiempo. Ni siquiera la física
(todavía) es capaz de dar una definición única (y menos sencilla) de lo que es
el Tiempo. De él hablan científicos, filósofos, religiosos y dirigentes de empresas y gobiernos. Del Tiempo decimos que es algo relativo, que es un regalo, que se
nos hace largo o corto, que admite o no viajar a través de él, e incluso muchos
sostienen que es la única riqueza que de verdad merece la pena, ya que no puede
comprarse con dinero.
Cada uno de los seres vivientes tiene su Tiempo y hasta
podemos medir el Tiempo que tiene el Universo desde su nacimiento, que fue a su
vez el origen de todo Tiempo capaz de ser medido.
Algunos opinan que con cada nacimiento comienza la cuenta
atrás del Tiempo asignado al recién nacido, en una suerte de tic-tac fatalista,
tan del gusto de la visión antropológica de mi tocayo:
Lo que llamáis morir es acabar de morir y lo que llamáis
nacer es empezar a morir y lo que llamáis vivir es morir viviendo, y los huesos
es lo que de vosotros deja la muerte y lo que le sobra a la sepultura.
Cuente hacia adelante o hacia atrás, lo midamos en segundos
o en eones, el Tiempo es lo único que no se detiene, inexorable, paciente, como
si tuviera consciencia de su victoria final.
Aunque solamos preocuparnos por el Tiempo, no es propio de
nosotros reflexionar sobre él. Vamos corriendo a todas partes, vivimos
acelerados, tratando de hacer rápido las cosas, de ahorrar Tiempo para
rellenarlo de otras cosas en las que seguir ocupando todo nuestro Tiempo.
Son pocos los que deciden vivir lentamente y disfrutar un
poco más de su vida, conscientes de Mateo 6:27:
¿Y quién de vosotros, por ansioso que esté, puede añadir una
hora al curso de su vida?
Corría el año 2007, aún nadie le
daba importancia a las noticias que llegaban desde Estados Unidos y Europa y que hablaban de supuestas hipotecas subprime o algo así. Lejanas cosas
financieras de la prensa sepia, que a nadie importaban. En España, la ETA
seguía matando y la afición ciclista se alegraba de la victoria de Alberto
Contador en el Tour de Francia.
Antes de que aquel año llegara a su
fin, en la calle Luis Montoto de Sevilla, se abrían las puertas de un pequeño y
discreto comercio. Su nombre, Fiestamanía. Su misión, llenar Sevilla de
disfraces y artículos de fiesta, ferias y celebraciones. Su lema, garantizamos
tu sonrisa.
Fundado por el empresario
sevillano Paco Francés Rodríguez, el comercio se distinguió entre las madres
que encontraban allí los disfraces para las fiestas de sus hijos, sus cumples,
sus comuniones.... Entre los jóvenes que buscaban motivos divertidos y picantes
para despedidas de solteras o solteros. Fue el recurso de los colegios para
organizar fines de curso o celebraciones navideñas. Era el refugio de los
carnavaleros, que se surtían de equipamiento antes de partir hacia Cádiz. Y en
Halloween ampliaban los horarios para atender las largas colas de clientes,
apurando el tiempo antes de la noche de brujas.
Paco era un empresario hecho a sí
mismo. Valiente y arrojado, no se acobardaba ante las dificultades. Atravesó la
gran crisis de 2008, aprovechando la oportunidad para mudar su negocio al otro
lado de la acera, a la esquina de Luis Montoto con San Benito, donde todos les
recordamos. Frio y calmado ante los problemas y trabajador como pocos, Paco
incorporó al negocio a sus hijos Sonia, Yolanda y Manuel, además de a dos
empleadas que eran como familia, Carmen y Amparo.
El negocio prosperó y una
sucursal fue abierta en Triana en 2017. Sevilla reconocía el surtido y cercanía
de su servicio, la personalización de fiestas y la amable atención. El pequeño
comercio de Sevilla se adornaba con estas tiendas que llenaban de luz y color
la Navidad de la ciudad. Las televisiones se personaban allí durante las
temporadas de mayor afluencia, entrevistando a las empleadas y clientes.
Por mi parte les debo un
agradecimiento adicional. De ellos recibí ayuda y consejo en mi primera etapa
de empresario, incluyendo un espacio de almacenaje en sus amplias
instalaciones. De no haber sido por ellos, hoy no sería el empresario que soy.
En 2019, la dureza del negocio y
el auge de competidores, llevaron a tomar medidas correctoras eliminado
superficies, primero con el cierre de la sucursal y después trasladando la
tienda principal a un local más modesto, siempre en su barrio de La Calzá.
Pero en 2020, la crisis del Covid-19 ha agotado las pocas fuerzas que le
quedaban a nuestra pequeña y querida Fiestamanía, que cierra sus puertas para
siempre. Uno de tantos comercios que bajaron su persiana un buen día de primavera, para no volver a subirla nunca más. Una riqueza y unos empleos que se pierden, en silencio, sin ruidos ni noticias en la prensa, como caen los grandes que nunca presumieron de nada.
Gracias por estos años de ilusión
y fiestas. Todos los que alguna vez sentimos chispas de alegría al entrar en vuestra tienda,
nunca os olvidaremos. Para siempre seguiréis garantizando nuestra sonrisa.