13 marzo 2016

MI SEGUNDA NAVIDAD



Lo malo no es que los sevillanos piensen que tienen la ciudad más bonita del mundo. Lo peor es que puede que tengan hasta razón



Reconozco en Sevilla muchos defectos. Sevilla es una ciudad cerrada sobre sí misma, provinciana y egoísta. Una ciudad con un pasado tan grande, que ha decidido amputarse media Historia, para explotar la otra media. Una ciudad que vive de su Barroco y de su Siglo de Oro, de su contrarreforma y de su esplendor, ignorando su antigüedad milenaria. El sevillano vive mirando rio abajo, esperando que aparezca la Flota de Indias, cargada del oro que le resuelva sus problemas, sin tener que trabajar. Una ciudad que se cree el ombligo del mundo, el centro de un universo que no merecería la pena vivir sin ella. Una ciudad orgullosa de sus iglesias y conventos, que lleva a gala paralizarse de vez en cuando, para vivir velás, quinarios o ferias. En esta ciudad perviven la tauromaquia y las procesiones, nada es considerado cultura, si no tiene que ver con su flamenco o sus tradiciones. Aquí se recela de cualquier cambio, se ridiculiza cualquier novedad que se suponga amenaza a lo que ella se considera a sí misma. Sevilla echa en falta la muralla, que la indeseada Ilustración y otras moderneces urbanísticas, vinieron a derribar. Si aún la tuviera, gustosa cerraría sus puertas y postigos, para aislarse sobre sí misma todavía más. Si pudiera, daría cuerda hacia atrás, al reloj de su Ayuntamiento, para volver a los años más rancios e inamovibles de su historia reciente, ustedes me entienden.

El sevillano ateo, sin afición por el baile, los toros o el vino fino, se siente excluido de la vida de esta ciudad. Nada importa si aquí naciste, si tu ateísmo fue un proceso intelectual imparable, fruto de tu innata curiosidad y de tu veneración por la razón, por la verdad y por la ciencia. 

Sevilla, llena de tontos de capirote, es una ciudad muy perra. Muy jodida por culo, para entendernos.

Y sin embargo…

Sin embargo, en esta época de la temprana primavera, en la que la naturaleza despierta y los ritos de renovación llenan las culturas y los países, es cuando esta ciudad, en la que nací, se vuelve realmente única. Reconozco que pocas ciudades, sin ser capital de estado, han inspirado óperas o piezas de los genios de la música universal. Pocas han sido objeto de tanta obra de arte, tanto amor injustificado de cualquiera que la trató por un momento.

Y a este que les escribe, ateo y crítico, le gusta la Semana Santa de Sevilla. Lo siento pero no puedo evitarlo. Como en Navidad, vuelvo a hacerme niño otra vez. Vuelvo a sentir sobre mi mano, la mano de mi madre, del abuelo que me guiaba entre las calles, en busca de la esquina precisa y del perfil exacto. Vuelvo a estrenar zapatos y rebeca. Vuelvo a pasar por las calles por las que solo se pasa, en los días grandes. Vuelve mi paladar a saturarse de torrijas y pestiños de la Campana.

Otra vez asoma mi cara de niño, por entre las rejas de un balcón de Alberto Lista, vuelvo a alargar la mano sobre el Cristo de la Lanzada y verlo alejarse camino de Conde de Torrejón. Recuerdo ver, con ojos entrecerrados por el sueño, arder la candelería de la Encarnación, de la mano mi tía abuela, es de noche, tengo cinco años y soy capaz de dormirme de pie. Vuelvo a vestir mi primer traje, a mirar a las jovencitas de vestidos vaporosos y tacones  inexpertos. Vuelvo a tener veinte años, a escribir poemas de amor, a pasear con una novia del brazo, vestida de mantilla, sintiéndome importante.


Vuelvo a respirar mezclados, el humo del incienso y el polen del azahar, la ciudad vuelve a entrar en mis pulmones y en mis venas, acunándome en sus brazos de mujer fatal. Vuelvo a ser nazareno de San Benito, de la Macarena o de San Isidoro. Y vuelvo a acordarme de los que ya no están, de los que pasaron por mi vida, dejándome el corazón lleno de ellos. Os echaré de menos, madre, padrinos, abuelos….

Vuelven mis oídos a llenarse de gritos de vencejos, de tambores y de bambalinas que bailan con varales, de Caridad del Guadalquivir, de Estrella Sublime y de Amarguras… Vuelven mis ojos  a mirar a través de su atmósfera cargada de humo de incienso, de pequeños insectos voladores que llenan el aire, de semillas de plátano de Indias y de globos fugitivos… Vuelvo a salir a la calle, recién peinado, con colonia y corbata. Miro de nuevo a tu cielo azul y vuelvo a sentir el nudo de siempre en la garganta al volar los pétalos de Andalucía sobre la Virgen del Cerro del Águila.

Sí... Ya lo sé... No me digan nada. Sé que llevo conmigo mi incoherencia. Bendita contradicción, que todas las primaveras me recuerda lo que fui, lo que recibí de mis mayores, de dónde vengo, lo que debo conservar y respetar. Déjenme hacer un paréntesis de una semana en mi vida y olvidar los pecados mortales de Sevilla. Déjenme emocionarme y bucear por siete días en la ciudad de los sueños.

Lo malo no es que los sevillanos piensen que tienen la ciudad más bonita del mundo. Lo peor es que puede que tengan hasta razón.

Antonio Gala (Ciudad Real, 1930)
Escritor español 

26 enero 2016

INSPIRING LEADERSHIP: ROMPIENDO LAS REGLAS



La insubordinación solo es evidencia de una mente poderosa.


Copenhague, 2 de abril de 1801 a bordo del HMS Elephant:
-      ¡Lord Nelson, el Almirante Parker ha izado la señal de cancelar el ataque! ¡Nos ordena replegarnos sobre el grueso de la flota!
-       Señor Langford, le tengo dicho que mantenga sus ojos fijos en la flota danesa y me avise en cuanto icen la señal de rendición. Vaya y no aparte sus ojos de ellos.
-          Sí Mylord…
-         ¿Sabe usted señor Foley? Soy tuerto de un ojo, por tanto, oficialmente tengo todo el derecho a ser ciego la mitad de las veces. Ciertamente… no soy capaz de ver esa señal.
Este fue exactamente el relato de los hechos que realizó Sir Thomas Foley, de cómo se ganó la Batalla de Copenhague y cómo el Vicealmirante Nelson desobedeció una orden tajante de su superior directo, colocándose el catalejo en su ojo tuerto para demostrar que no podía ver la señal de retirada. La batalla acabó con una victoria inglesa y con la promoción de Nelson a Comandante de la Flota del Báltico, por parte de un agradecido Almirantazgo.

Aquel día, la desobediencia y la ruptura de las reglas consiguieron la meta propuesta al comienzo de la jornada. Con frecuencia leemos y escuchamos las recomendaciones del management moderno, que nos hablan de romper las normas de vez en cuando, atrevernos a salir de las pistas de rodaje convencionales. Pero un ejemplo vivo, vale más que mil lecciones en una Business School. Nada como la imagen de un líder rompedor de reglas para comprender de qué va eso de saltarse las normas para cambiar, para mejorar, para volar. Les traigo aquí hoy relatos breves del ejemplo de este hombre rebelde, un insubordinado de la vida, casi un ácrata que llamaríamos hoy.

No hacer nada habría sido vergonzoso.
Así que utilicé mi inteligencia.
Horatio Nelson.

Antes de empezar deberíamos recordar que Horatio Nelson era un hombre capaz de sobreponerse a los fracasos más dolorosos. Pocos ejemplos de resiliencia encontraremos mejores que éste. Como sabemos, era tuerto del ojo derecho, por una herida recibida en Córcega en 1794. En 1797 un cañonazo español le arranca el brazo derecho, ante las costas de Tenerife. Nelson era lo que hoy diríamos un minusválido, un tullido. Convaleciente de su brazo, él mismo desconfiaba de que le permitieran seguir en servicio. Sin embargo, aprendió a escribir y a valerse con la mano izquierda en todas las tareas y, no solo volvió al servicio activo, sino que acabó convertido en leyenda.

Pero volviendo al tema que nos ocupa, debemos recordar que, sobre todo, Horatio Nelson era militar. Se dedicaba, por tanto, al oficio de cumplir reglas por antonomasia. Pero, como decimos, le traemos hoy aquí porque pasó a la historia por todo lo contrario. En 1797, en la batalla del Cabo de San Vicente había desobedecido a su almirante, Sir John Jervis. Lo exitoso de su acción hizo que no fuera reprendido: el viejo Jervis sabía reconocer el talento, más allá de la rebeldía.
El deber es lo primero en un oficial naval (Nelson)

Un año después, el rebelde Nelson dirigió una flota británica a la caza de la escuadra francesa fondeada frente a Abukir. El objetivo, destruir la amenaza naval en el Mediterráneo e impedir al ejército expedicionario francés de Egipto volver a Francia por mar. El almirante francés Brueys configuró su formación para ofrecer una línea de combate ininterrumpida, lo suficientemente cercana a la costa como para no permitir ser rodeada por el enemigo, sin que este se arriesgarse a varar sus propias unidades. Pero allí, frente a los bajos de la bahía de Abukir, la mente de Nelson evaluó eficazmente las probabilidades de que sus unidades quedaran varadas: estimó los riesgos y las probabilidades de éxito. A pesar de que los usos navales aconsejaban no arriesgar una escuadra metiéndola en unos bajos sin cartografiar, Nelson calculó mejor y arriesgó más que su adversario: la flota británica rodeó a la francesa de tal modo que cada navío francés quedó expuesto al fuego de dos o más barcos ingleses, la regla de oro del combate naval del XVIII. La incontestable victoria británica selló para siempre el predominio naval de Gran Bretaña en el Mediterráneo. 

Como vemos Nelson era un hombre tan comprometido con su deber y con sus metas, que no dudaba en desobedecer órdenes de sus superiores o reglas de la guerra, si consideraba que unas u otras le podían impedir alcanzar los objetivos que se esperaban de él. 

Pero es muy importante no olvidar que Horatio Nelson era un militar y tenía un profundo respeto por las ordenanzas. No había para él nada más sagrado que el cumplimiento del deber bajo la disciplina militar. Era un hombre de reglas, que respetaba y hacía respetar. 

Con todo esto, ¿qué lecciones deberíamos aprender para su aplicación en nuestra vida profesional?, ¿cuál sería el liderazgo inspirador que nos enseña Nelson, con su vida y hechos?
  • Respeta las normas, créalas y comunícalas claramente a tu equipo. Solo con reglas funcionan las grandes organizaciones. Los miembros del equipo demandarán un marco de reglas claro y práctico, al que poder atenerse en cada situación. Si las reglas no están claras, no tardarán en aparecer los fallos y los conflictos.
  • Como líder, no seas esclavo de las reglas, ni siquiera de las que tú mismo has creado. Ten presente que las reglas se crean para servir a una finalidad: alcanzar las metas de la organización (cifras de ventas, de beneficios, de crecimiento, de inversión, de rentabilidad,…). Caerás en el absurdo respetando las reglas si te alejan de tus objetivos por culpa de las circunstancias.
  • No hay reglas absolutas ni perfectas. No dudes en ignorar las reglas, por muy sagradas que parezcan, si pueden impedirte alcanzar tus objetivos. Tu juicio y tu experiencia te dirán cuándo debes declararte en rebeldía, por el bien común.
  • Se audaz, no prefieras la comodidad de las normas a los riesgos de cambiarlas. Nadie te admirará por ser un buen soldado, solo el genio consigue sobresalir sobre el común y generar liderazgo.
  • Transmite a tus subordinados los valores de la libertad, la creatividad, la iniciativa y la acción, hazles perder el miedo al error y sus consecuencias. En Trafalgar, sabedor de la magnitud de la batalla y de lo dificil que cada capitán tendría ver las órdenes desplegadas desde el Victory, dejó claro a sus subordinados que "ningún capitan se equivocará si situa su barco junto a uno enemigo".  
  • Delega y confía. Delegar conlleva asumir las acciones de los subordinados, ser conscientes de que quedas en sus manos. Debes confiar en ellos y esa confianza generará, de por sí, el impulso motivador que necesita tu equipo. Justo cuando sus dos líneas se dirigían en perpendicular hacia la flota combinada en Trafalgar, desde su nave almirante se desplegaron las señales con su última recomedación: "Inglaterra espera que cada cual cumpla con su deber", algo que electrizó de motivación a toda la flota.
  • Emma Hamilton
  • Pero Nelson nos da también una lección adicional: ten el valor de escuchar a tu corazón. Porque, si pensamos que nuestro viejo amigo Nelson era solo rebelde en el ámbito laboral, nos quedaremos cortos, muy cortos. Siendo un hombre casado, se enamoró de Emma Hamilton, una mujer también casada, y nada menos que con el embajador inglés en Nápoles, Lord Hamilton. Un romance que, hecho público, causó indignación en la puritana Inglaterra de aquella época. No contento con aquello, se fue a vivir con ella, tuvieron una hija, Horatia, y dejaron a la posteridad testimonio de su amor en numerosas cartas que nos han llegado. Nelson hizo incluso todo lo posible porque el gobierno la sostuviera después de su muerte. Pero el Almirantazgo destinó los fondos al hermano de Nelson en lugar de a Emma y la hija de ambos.
Así que, más allá de los desafueros del patrioterimo español, haríamos bien en aprender de esta figura histórica colosal. Sin duda, nos transmite un inspiring leadership, un liderazgo inspirador, que como tantos otros personajes históricos, nos habla desde los libros... de Historia... ¿o de Gestion de Equipos?.
 


La insubordinación solo es evidencia de una mente poderosa.
Napoleon Bonaparte

31 diciembre 2015

LA ESPERANZA ES TAN HUECA COMO EL MIEDO



El título de este artículo está sacado de Lao Tse, que también incluye los siguientes versos:

Si quieres ser todo,
acepta ser parte.
Si quieres ser recto,
acepta estar torcido.
Si quieres ser pleno,
acepta estar vacío.
Si quieres renacer,
acepta morir.
Si quieres que te sea todo dado,
abandónalo todo.


Hoy es 31 de diciembre, el día de la renovación. Podría ser cualquier otro del calendario, pero el último día de diciembre tiene para mí un significado especial y casi mágico. Además, el final del año marca el cambio de estación, el fin y el comienzo del ciclo eterno de la vida, la fiesta del Sol Invicto, en la que los romanos celebraban la resurrección anual del astro rey, que marca el nuevo crecimiento de los días y la derrota de la muerte y de la noche.

Y el día de hoy, último del año, es el ideal para hacer nuevos propósitos, marcar metas y atreverse a decir adiós. Adiós al dolor por perder aquello que se marchó de nuestra vida.  Puede ser la empresa de la que nunca imaginaste ser despedido, la muerte de la madre que te acunó en sus brazos, la traición del mejor de tus amigos o el adiós de la mujer que creías el amor de tu vida. Nadie se imagina que tales pérdidas pueden llegar nunca y, cuando lo hacen, nadie se cree con fuerzas de superar dolor semejante.
 

Lo que una vez disfrutamos, nunca lo perdemos. 
Todo lo que amamos profundamente se 
convierte en parte de nosotros mismos.
HELLEN KELLER

Ya hablé en anteriores artículos sobre la resiliencia y el miedo. Es ese miedo, el que te bloquea aceptar la pérdida de aquello que no está en tu mano retener. Tienes miedo a perder y esperanza de volver a tener. Ambas cosas nacen en tu interior. Proceden de ti y te afectan a ti. Solo cuando te liberas del miedo y de la esperanza de que vuelva algo que ya solo existe en tu  imaginación, puedes derribar las barreras para comenzar a vivir de nuevo.

Deja ir con el viejo año todos aquellos miedos y esperanzas que te provocan dolor. Reconoce que no puedes retener contigo aquello que ya no es para ti o aquella persona que no puede o no desea compartir tu vida. Asume que tu amor, aunque sea incondicional y eterno, puede no ser correspondido por mil y una circunstancias que escapan a tu control. Ama y ayuda sin condiciones, siempre, pero no fíes tu felicidad en que te retornen ese amor o te agradezcan esa ayuda. Si lo necesitas, libera tus sentimientos con lágrimas suficientes hasta que te sientas mejor. Como decía el Dr. John Brantner, de la Universida de Minnesota, "Únicamente aquellos que evitan el amor, pueden evitar el dolor del duelo. Lo importante es crecer, a través del duelo, y seguir permaneciendo vulnerables al amor."


El pesar oculto, como un horno cerrado, 
quema el corazón hasta reducirlo en cenizas.
W. SHAKESPEARE.

Deja que se marchen con el viento, como semillas de diente de león, esas personas que no estarán contigo aunque lo desees. Libérate, desnudo bajo la lluvia, de la opresión del alma y, en cuanto deje de llover y salga el sol, hincha el pecho, respira hondo y da el primer paso del nuevo año. Recuerda lo que vales y comienza a andar tu nuevo camino.


Solo sanamos de un dolor cuando lo padecemos plenamente
MARCEL PROUST.

Como siempre, no desdeñes solicitar ayuda psicológica de los especialistas, algo muy recomendable en estos casos de pérdida.

Feliz 2016. Feliz primer año de tu nueva vida.