27 agosto 2016

MINUTOS DE ORO. UNA TARDE EN LA CRUZ ALTA



Para aquellos que conozcan a mi padre no les sorprenderá si les digo que su pasión es el fútbol. Paco ve cualquier partido por la televisión, aunque sea de tercera, o extranjero, se interesa por la prensa en tanto que hable de fútbol y se para a mirar cualquier partido improvisado por la chavalería en medio de la calle. Su memoria nunca ha sido muy buena y en ella hacen daño los lógicos achaques de la edad, sin embargo, mantiene la asombrosa capacidad de memorizar nombres y fechas de modo increíble, siempre que tengan relación con el fútbol.

Pero, por encima de todo, es el Betis lo que llena su vida. En la actualidad, Paco es el socio número 14 del Real Betis Balompié. Fernando, su padre, era seguidor del Sevilla F.C., pero nunca se aficionó tanto al fútbol como a los toros. En la tauromaquia  era donde tenía mi abuelo su pasión. Quizá por eso, en la afición del pequeño Paquito, pesó más la influencia de su tío Juan, bético a rabiar, a la sazón miembro de la Junta Directiva del Real Betis cuando llegó el momento. Ayudaría también que comenzó a trabajar a los 9 años en el comercio de este tío suyo, conocido como Nieto por todos. Alrededor de 1949 en la tienda de tejidos de la calle Burro, Paquito comenzó a aficionarse al Betis, para no abandonarlo ya nunca más. Allí vivió su Betis con su cuñado José Antonio y su primo Luis. Jose Antonio fue un hermano para él y compañero de viajes béticos por toda España. José Antonio, de tan bético, era inusual. Su número de socio era aún más bajo que el de Paco y en todo lo que hacía tenía presente al Betis, como el mantra de su vida. Infelizmente, mi querido padrino José Antonio nos dejó en 2014, luciendo el número 15 en la nómina de los más béticos.

Retomando el hilo, por el Betis, Paco vivió muchas aventuras y anécdotas, las más de las veces relacionadas con el eterno rival, el Sevilla F.C. Su “anti-sevillismo” es muy evidente para aquel que le conozca un poco. Es, en palabras suyas, “superior a sus fuerzas”. Hasta donde yo recuerdo, nunca pudo ver al Sevilla. Ni en pintura. Desea que pierda el Sevilla hasta en los entrenamientos y brinda cuando lo golean. Es capaz de contar mil episodios que justifican esa histórica alergia al eterno rival, muy sevillana (muy española diría yo). Entre ellos, aquella tarde en la que su primo Luis y él mismo, rodaron grada abajo del Sanchez Pizjuán, mientras huían de la manta de golpes que les llovían por todas partes, en un partido del Trofeo Ciudad de Sevilla que enfrentaba al Betis con el Peñarol de Montevideo, donde los sevillistas presentes animaban al equipo americano. Aquel día juró no volver a pisar el campo del Sevilla. Y lo cumplió.

Puesto ya usted, amable lector, en situación, pasaré ahora a relatarle la anécdota que me contó Paco, en los minutos de oro de los que uno disfruta con su padre, con menor frecuencia de la recomendable. Quedará usted tan sorprendido como quedé yo, que soy su hijo, cuando la escuché.

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Así que volemos imaginariamente hasta el 12 de diciembre de 1965. El mundo está en plena Guerra Fría, los Estados Unidos recién han intervenido en un pequeño país llamado Vietnam y la Unión Soviética ha logrado que uno de sus cosmonautas de un paseo espacial. Este año ha fallecido Winston Churchill y Charles De Gaulle ha sido reelegido Presidente de la República Francesa. 

Josep Seguer i Sans
Pero allí, en Sabadell, en el campo de la Cruz Alta, toda la emoción está concentrada en un partido de fútbol. Se trata de la jornada decimotercera del Campeonato de Liga de Primera División, que incluye el partido que Paco ha venido a ver y que enfrenta al Centro de Deportes Sabadell y al Sevilla F.C. Paco no está solo, de hecho le acompaña su tío y patrón, Nieto, que está en Sabadell  para comprar tejidos para su negocio de Sevilla. Les acompaña también Seguer, por entonces amigo de Nieto, accionista de cervezas San Miguel y entrenador del Lérida. Josep Seguer i Sans, ya retirado, es leyenda futbolística del F.C. Barcelona, internacional con España y ha sido entrenador del Real Betis hacía unos años, de ahí la amistad con Nieto, que ha pagado esta tarde las tres entradas para disfrutar del partido. 

El día es frío en la que ya llaman Vieja Cruz Alta, pronto estrenarán la Nueva Cruz Alta, un estadio modernísimo, digno de un Sabadell próspero y de un equipo recién ascendido a Primera. Pero son las 4, hace buena tarde, aquí arriba en la Cruz Alta, donde Nieto, Seguer y Paco se sientan en localidades de tribuna baja, justo antes de que los equipos salten al césped.
-      A ver si le meten siete al Sevilla  - dice Nieto mientras enciende un puro. Bajo el ala de su sombrero brilla una amarillenta sonrisa.

Seguer sonríe pues sus simpatías tampoco están con el Sevilla, la tarde va a ser entretenida, espera que los tres canten los goles del Sabadell, con la grada entera. La afición entona cánticos por encima de ellos y las banderas arlequinadas ondean por todas partes.

Sale el Sabadell al terreno de juego, con la siguiente alineación: Martínez, Isidro, Arqué, Sertucha, Vidal II, Vall, Izaola, Morollón, Sabino, Noya y Martí. Les entrena Pasieguito, mito viviente del Valencia C.F.

Paco se levanta a aplaudir, como todo el campo. Aplaude a rabiar, como si fuera al Betis. Tienen que ganarle al Sevilla. Está cabreado porque el Betis marcha ya de farolillo rojo esta temporada, con un juego que no presagia nada bueno. Sus ganas de que el Sabadell golee hoy al eterno rival son mayores que nunca.

Por fin, sale el Sevilla al campo, con estos titulares: Molina, Rebellón, Costas, Eloy, Lax, Oliveros, Achúcarro, Manolo Cardo, Diéguez, Cabral y Pintado. Dirige al Sevilla desde el banquillo Eizaguirre. La pitada es monumental, los abucheos y los gritos lo llenan todo. Nieto y Seguer están calmadamente sentados, pero Paco sigue en pie y hace bocina con las manos para gritar los improperios de rigor al equipo visitante, para luego sentarse tras un acomodador tironcito de las perneras del pantalón de su traje. 

Comienza el partido y pronto el Sevilla se hace con el dominio del balón. Los nervios del recién ascendido pasan factura ante un visitante veterano. Y entonces, con un griterío menos intenso, es cuando comienzan a escucharse los insultos de un grupito de aficionados justo detrás de Paco. 

-          ¡¡ Andaluces, flojoooos, perroooooos !!

Ya salieron los tópicos regionales. Paco mira hacia atrás, con media sonrisa todavía. Parece que algunos están algo cargaditos de anís. Tienen pinta de brutos. Cosas que se dicen en el futbol, que saca lo peor de cada uno. Pelillos a la mar. Son solo un grupito. Impresentables hay en todas partes.

Las jugadas se suceden y parece que el Sevilla domina el partido, lo cual no es para nada del agrado de la afición catalana. Los ultras sentados algo mas arriba de Paco, entonan cánticos.
-          ¡¡ Lavarse sevillanoooos, cerdooooos, que oléis a cerraoooo !!
A pesar de que la afición del Sabadell anima con respeto y deportividad, el grupito de marras sigue en su línea. Paco se vuelve de nuevo, ya sin reírse en absoluto. No sabía bien por qué, pero aquellos se estaban pasando un poco.
-       ¡¡Niño!!, que es el Sevilla, qué más te da… deja de mirar para atrás. – Nieto le acaba de regañar. El viejo no quiere problemas allí en campo extraño, por eso avisa a su impetuoso sobrino. Relax, como diríamos hoy día. Seguer se ríe, para suavizar la cosa.

Estadio de la Vieja Cruz Alta
La situación del partido cambia drásticamente cuando marca el Sevilla. 0-1,  gol de Cabral en el minuto 25. Por un momento el campo calla, por el jarro de agua fría que supone que te marquen en tu casa. Pero pronto los saltos y los abrazos de los jugadores sevillistas son respondidos con la mayor de las pitadas.

Pitadas a las que el grupito de atrás añade insultos, que prosiguen una vez reanudado el juego. Los ultras de la grada alta, que estaban tirando de tópicos, enrabietados por el gol, vuelven a la carga vomitando insultos al equipo andaluz:
-      Cabroneeeees…. que no trabajáis hijos de putaaaaaa, iros a Sevilla con vuestros muertos, a dormir la siestaaaaa- grita uno de cara enrojecida.

-       ¡¡ Andaluceeeees, guarroooos, apestosooooooos ¡¡ - canta otro con bandera al hombro.

Se estaban pasando. La pierna derecha de Paco se mueve nerviosamente y sigue mirando hacia atrás, con mas disimulo pero con mas mala uva. El Sevilla sigue jugando bien aunque ahora es el Sabadell el que arrecia en su ataque, tanto como arrecian esos aficionados en los suyos.
-          ¡¡¡ Sevillanos marranos, que estáis todo el día de fiestaaaaa!!!

-          Estos “na” mas quieren feria y juerga, borrachooooos…

Paco está realmente cabreado.

Es en el minuto 42 cuando, al filo del descanso, el Sevilla enhebra un contragolpe, pim, pam, pim, pam, gol. Gol del Sevilla. 0-2, marcó Oliveros. Y ocurre lo imprevisible, la excepción que confirma la regla, lo nunca visto, lo impensable. Ocurre que Paco, que todavía es Paquito y se deja llevar, grita "Gol", se levanta de un salto, se da la vuelta hacia la grada alta y comienza a hacerles cortes de manga a los aficionados que tanto insultaban. Uno, dos, tres, cuatro, cinco…. cortes de manga, todos seguidos, uno detrás de otro, con fuerza, como el que quiere que lleguen volando bien lejos, hasta la boca del enemigo.

-          ¡¡Tomarse por culo!! – grita Paco, aliñando el gesto.

Nadie en la grada reacciona, el mazazo del gol visitante unido a la incredulidad del descarado gesto de aquel desconocido aficionado, deja sin aliento a todos momentáneamente. Nieto, se ha levantado, pero solo para tratar de devolver a Paco a su asiento.

-          ¿Qué haces niño? ¿Estás loco?...

Entonces llega la reacción en forma de gritos, puños cerrados, pasos hacia abajo y amenazas. Se va a liar parda. Solo entonces se levanta Seguer que, girado ante los enfurecidos aficionados pide calma con los brazos abiertos.

-          Es Seguer… Seguer… - murmuran voces aquí y allá, algunos le aplauden al reconocerle.

El veterano futbolista hace gestos mudos, como indicando que pelillos a la mar, que no se lo tengan en cuenta, que aquel pobre chaval no sabe muy bien lo que hace. Ciertamente, solo la leyenda de Seguer impide que bajen unos cuantos a darle su merecido a aquel andaluz insolente.

El pitido de Segrelles del Pilar, árbitro del encuentro, anunciando el final del primer tiempo, es el complemento necesario para rebajar esta tensión. Toca moverse a buscar un café y a fumar tranquilos, lejos de aquellos energúmenos amenazantes. Nieto le regañó de nuevo, pero no demasiado...

Y aquella fue la anécdota de un Paco reaccionando con júbilo tras un gol del Sevilla, F.C., algo que yo creía que era cosa imposible, pero que realmente sucedió, bastante antes de que yo naciera. Nunca tuve conocimiento de ella hasta hace bien poco, en que la conversación surgió de pasada, al hilo de otros temas mas profundos, durante unos minutos de oro. 
Real Betis Balompié en 1965

Aquella tarde, ayudó a calmar los ánimos que el Sabadell acabara empatando justamente un partido, que el Sevilla entregó en la segunda parte. 2-2 en la Vella Creu Alta, aquella jornada, con goles de Vidal y Sabino por parte del club arlequinado. Desde aquí toda mi simpatía y cariño al Centre d'Esports Sabadell Futbol Club y su afición.


Aquel domingo, el Betis le ganó al Elche 2-1. A la postre, aquel año acabaría descendiendo a segunda división, donde, por cierto, saludaría al Sevilla dos años después, por el descenso del eterno rival.
Este mismo día en el Benito Villamarín, Betis 2-Elche 1
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Personalmente, al próximo que me diga que los andaluces estamos todo el día de fiesta, le tiro el cubata a la cara.



22 julio 2016

MUERTE POR ESPECIALIZACION


No es la primera vez que escribo en mi últimamente descuidado blog contra la super-especializacion y sus peligros. Varios artículos claman a favor de la polimatía del ser humano y abjuran de la alienación que supone para un profesional dedicarse a fragmentos minúsculos del trabajo que constituye el negocio de la empresa. Y sin embargo, es un riesgo que lleva siendo denunciado desde hace un siglo, desde el comienzo mismo de la época industrial moderna, cuando Chaplin rodó la magistral Modern Times.

Sin embargo, las empresas, cuanto más grandes peor. Con la excusa del crecimiento y el tamaño, las empresas compartimentan su estructura, encasillando a cada empleado en una mínima porción de sus procesos productivos. Queda así el empleado completamente desconectado de los objetivos primarios del proyecto, absolutamente ajeno al interés general de la organización.

Y traigo a colación de nuevo este tema, por una vivencia propia muy reciente, que les servirá a algunos de material ilustrativo sobre el tema del que escribo. Y si no, otros al menos pasarán un buen rato leyendo una anécdota divertida.

Un servidor, lleva años siendo cliente de Vodafone. Desde 2002, año en el que me asignaron una línea móvil en la empresa de la que fui directivo, pasando por quedarme con la línea en 2012 cuando me despidieron, hasta la contratación de nuevas líneas de empresa a partir de 2013 para el apoyo de mis proyectos propios.

Pues he aquí, que, con ocasión de la constitución de una nueva sociedad en la que también soy administrador, se me ocurre ampliar con una línea más mi negocio global con Vodafone. Como ya me conocía el procedimiento y, además de estar chapado a la antigua, deseaba adquirir un nuevo terminal, me dirigí a la tienda Vodafone de Sevilla para ser atendido por una persona humana, cara a cara, como Dios manda.

Realmente bien atendido por un empleado que conocía su oficio, allí me dieron el alta de la nueva línea y dejaron encargado el termina deseado, que en tal momento no estaba en stock. Entregué las escrituras que me habilitaban como administrador de la empresa y me volví tan campante al despacho a la espera de ser llamado para la recogida del terminal y activación final de la linea.

Y aquí comenzó el infierno.

Al día siguiente recibo llamada del comercial que me atendió por la que se me comunica que debo depositar una fianza de 300 €. Menuda sorpresa. ¿Y eso por qué? Fue mi pregunta. Es una fianza para riesgo de impago. No se preocupe, la pedimos a todos los nuevos clientes. Me dijo el amable comercial. Como ustedes comprenderán me negué en redondo a aportar una fianza sobre una nueva línea que pretendía contratar. Dado que era un nuevo CIF, ellos me aplicaban condiciones de cliente nuevo. Expliqué que, en realidad, yo no era nuevo, sino el mismo de siempre, el que nunca les había fallado en un pago. Y que mi único pecado había sido constituir una nueva sociedad e imaginar que debería seguir confiando en Vodafone. Pero al parecer tal confianza no era mutua y el comercial se mantuvo en sus trece. Con lo cual le comuniqué que si en 48 horas no me anulaban tal exigencia de fianza, solicitaría la línea en otra compañía, a la que me portaría, evidentemente, mi línea antigua tambien.

Pasadas las 48 horas nadie había contactado conmigo. Y si lo anterior les pareció inaceptable, esperen a leer lo que ocurrió cuando se me ocurrió contactar con atención al cliente.

Paciente como siempre y transcurridas ya las 48 horas llamé al 122, teléfono de atención a empresas. Después del calvario de la locución automática, en la que no sabía qué opción marcar, acabé hablando con un “asesor de empresas”. Allí le conté el caso. El asesor escuchó con atención, pero escurrió el bulto: él no podía hacer nada, aquello excedía de sus competencias. Así que como escuchó la palabra “baja” cuando le dije que se corría el riesgo de perder el cliente, me transfirió al Departamento de Bajas. Allí me atendió una señora que rezumaba depresión y desgana a través del auricular. Vuelta a explicar toda la odisea, con las mismas palabras y dosis extra de paciencia. Esta señora me dijo que ella no podría anular la fianza ni aun queriendo, que su función era simplemente tramitar bajas de clientes. ¿Y con quién podría hablar para avisar de que me daré de baja si no anulan la fianza de la nueva línea? Clamé. Como toda respuesta me recomendó volver a llamar y hablar con el Departamento de Cobros, ella no podría transferirme desde allí.

Tres cuartos de hora al teléfono. Vuelta a marcar al 122, de nuevo las locuciones. “Departamento de Cobros”, dije lo más clarito posible. “Lo siento, no he podido entenderle” me contestó el ordenador con una agradable voz femenina. Yo estaba a punto de estrellar el móvil. Por fin, hablo con algo parecido a cobros. De nuevo le explico al chico toda mi historia, preguntándome si todo aquello tenía algún sentido. Y, cómo no, el chico también se confiesa incapaz de resolver el problema. “Nosotros solo recobramos facturas en casos de impago, no establecemos fianzas a clientes nuevos”. NO soy nuevo oiga, es que he constituido una empresa…. “ya, ya, pero no puedo ayudarle, hable con el Departamento Comercial”. Comercial… A marcar de nuevo al 122. Le dí al 1, lo primero que se me ocurrió. Allí, inevitablemente cansado, pedí a la señorita que al menos elevara un mail a sus superiores con mi solicitud.
Pasó una semana y nadie de Vodafone me llamó para interesarse por mi problema. Así que en un pis pas, llamé a Jazztel, dí con una chica espabilada, que en 15 minutos me había tramitado la portabilidad de mi línea, el alta de la nueva y que me hizo llegar al día siguiente dos SIM y el terminal deseado a mi oficina.

Y entonces, aquella tarde, mi teléfono sonó.

Vodafone.“ Ay, es que hemos recibido una solicitud de portabilidad de su línea hacia Jazztel y, claro, deseamos saber qué motivos le llevan a usted a dejarnos. Y si podríamos hacer algo para que se quede usted con nosotros”.

Tarde. Les dije. Otra vez conté una historia que nadie en Vodafone parecía conocer. Aquella fianza parecía que la había establecido algún empleado fantasma. “Ah, pero nosotros no sabíamos que había riesgo de que se llevara su línea actual, tan antigua y tan….”. Ya. Nadie en Vodafone sabia nada. Rechacé la oferta para permanecer lo mas amablemente que pude. Soy hombre de palabra. Ya estaba en Jazztel.

Aquel día me llamaron de la tienda Vodafone de Sevilla. Aquel eficiente empleado que me atendió por primera vez. Haciéndose el longui. “Ya tiene usted anulada su fianza y activa su línea”. Dijo el chaval. No te preocupes majo, ya no hace falta, me he ido a Jazztel. Os dije 48 horas y os dí una semana.

Seguí recibiendo llamadas de Vodafone durante todo el día. De distintos empleados y departamentos. Aquello era verdadero interés, pero tarde, muy tarde.

¿Esta forma de trabajar puede llegar a ser eficiente?
En cuestión de un par de días Vodafone perdió un cliente que llevaba más de diez años de fidelidad y gran contento. ¿Y por qué? Porque la organización no escuchó al cliente. Porque los especialistas de cada sección no comprendieron el problema principal, que un cliente actual podría perderse. Nadie conocía su propia empresa lo suficiente para saber qué tecla tocar, qué teléfono marcar. Nadie quiso asumir el problema y ocuparse de su solución. Nadie vio que las medidas tomadas en una parte de la empresa, tienen efectos adversos en otra. Nadie comprendió que no puedes maltratar a los nuevos clientes. Y menos a los antiguos. Y no les puedes ofender.

¿El crecimiento de las empresas hace necesaria la super-especialización? ¿Es inevitable que la cúspide pierda de vista la base? ¿Por fuerza, esto debe ser así?

Como la respuesta parece ser sí, entonces, amigos, señores emprendedores, limiten ese crecimiento. Renuncien a ser gigantes. Confórmense con ser simplemente grandes. O medianos. O pequeños.

Mas claro agua. 

Serán má seficientes. Y más felices

01 mayo 2016

CREATIVIDAD PARA TODOS



 
En el fondo del melancólico y silencioso valle, al pie de las últimas ondulaciones del Moncayo, que levantaba sus aéreas cumbres coronadas de nieve y de nubes, medio ocultas entre el follaje oscuro de sus verdes alamedas y heridas por la última luz del sol poniente, vi las vetustas murallas y las puntiagudas torres del monasterio, en donde ya instalado en una celda, y haciendo una vida mitad por mitad literaria y campestre, espera vuestro compañero y amigo recobrar la salud, si Dios es servido de ello, y ayudaros á soportar la pesada carga del periódico en cuanto la enfermedad y su natural propensión á la vagancia se lo permitan.



Gordium, Frigia, 333 a.C. Última hora. Los macedonios han entrado en la ciudad. Su líder está siendo agasajado por las autoridades locales, agradecidas por haber respetado su ciudad y sus cuellos. Quizá después de todo, estos europeos sean mejores gobernantes que los sátrapas persas, que lo hacían con el látigo y el miedo. La comitiva llega al templo de Sabazius, donde aún se halla el carro del rey Gordias, que su hijo Midas ató con un nudo de cornejo. Aunque hace mucho tiempo que murió Midas, nadie desde entonces ha sido capaz de desatar este nudo legendario, cuyos cabos no parecen tener ni principio ni fin. El rey de los macedonios está intentando deshacerlo, sin éxito, como todos los que lo intentan. Pero, un momento… porque, calmadamente, saca su espada y… señores, acaba de cortar el nudo. Noticia de alcance: Alejandro III de Macedonia, hijo Filipo, acaba de cortar por las buenas el legendario nudo gordiano. Y tan campante, continúa su visita, rodeado de sus generales (que se van riendo), mientras los sacerdotes del templo siguen con las bocas abiertas, incrédulos ante lo que ha ocurrido. Sin duda, este Alejandro está cambiando el mundo, nunca nada será igual después de él.

(Tenemos que aclarar que en la versión de Aristóbulo de la misma leyenda, sencillamente Alejandro Magno encuentra la forma de desatar el nudo gordiano de forma pacífica. Pero a mí, perdónenme, me gusta más la solución creativa de Alejandro de cortarlo por las bravas.) 

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La creatividad. Seguramente todos hemos leído en los artículos difundidos por las redes sociales sobre la importancia de ser creativo y cómo, para lograrlo, hay que lograr liberar la mente. Y muchos de nosotros, repanchingados en nuestra zona de confort, no prestamos demasiada atención a esto de la creatividad. Nos parece cosa de artistas, de músicos, casi de genios. Un don para elegidos, entre los que no tenemos el honor de contarnos.

Me he propuesto escribir este artículo por si es de utilidad a quienes se interesen por estimular o descubrir su creatividad. Porque hubo un tiempo en que olvidé que yo era creativo. Los guiones de la vida y las convenciones sociales me moldearon de forma que mi creatividad quedó, primero apartada, después arrinconada y por último olvidada. Hasta que un día, con ayuda de mi coach, descubrí o, mejor dicho, recordé todo lo creativo que yo era. Y descubrir aquello fue como reencontrarme con mi niño interior, con quien yo era verdaderamente, sin los añadidos ni postizos que la vida me fue colgando. 

Así que dejaré aquí unas cuantas ideas propias acerca de la creatividad.

Pero ¿qué es la creatividad? El diccionario de la RAE resulta bastante parco cuando la define como facultad de crear, capacidad de creación. Tradicionalmente, los artistas la llamaban genio o inspiración. En la Antigüedad se atribuía a la intervención divina, la capacidad de crear. Así en la Grecia antigua, los poetas o músicos (que eran básicamente lo mismo) no lograban dar pie con bola sin la ayuda de las Musas, divinidades hijas de Zeus, que concedían la gracia de la composición artística. Pero la creatividad es, entendida de forma amplia, la capacidad de innovar nuevos productos, procesos, ideas o soluciones a partir de los recursos presentes. También es la capacidad de ordenar o transformar los objetos o ideas a nuestra disposición, configurando conjuntos nuevos a partir de otros diferentes o a partir del caos. Mozart no inventó las notas ni los instrumentos musicales, pero logró disponerlos en orden y frecuencia tal, que pudo crear su misa de Requiem, a mi parecer, la obra maestra de la música universal.

 La creación puede moldear a los materiales oscuros e informes, pero no puede crearlos. Debe reconocerse que la invención no se funda en crear de la nada, sino del caos.
Mary Shelley 1797-1851

¿Para qué es importante ser creativo o imaginativo? La respuesta a esta pregunta depende de ti. Hay personas más o menos creativas e imaginativas por nacimiento. Igual que hay personas más o menos inquietas, curiosas o inconformistas por naturaleza. Las personas creativas son más positivas (y viceversa) y buscan soluciones a los problemas de la vida. Suelen ser personas que tienen una base emocional muy desarrollada y bien gestionada. Está demostrado que encontramos más atractivos sexualmente a hombres o mujeres que nos resultan creativos o imaginativos. La felicidad y la creatividad pueden estar relacionadas pero no siempre. Hay personas que son felices con su creatividad y personas que son totalmente felices en ausencia de ella. Pero esto es aplicable a muchas otras variables, como la riqueza, el amor o las relaciones sociales: la felicidad, como medida de la satisfacción de necesidades es algo tan variable como difícil de medir. Por mi parte, he conocido a personas que aborrecían todo tipo de responsabilidad o notoriedad, sintiéndose más felices cuanto más dirigidos o supervisados estaban. Y me he cruzado, en la vida y en los libros, con personas permanentemente insatisfechas con sus numerosos logros. Queda a tu decisión, cómo serás más feliz, pleno y realizado. Benjamin Franklin dividió a la humanidad en tres clases: los que no se mueven, los que se mueven y los que mueven. Puedes ser feliz en cualquiera de los tres grupos. Tú decides.

Cayo Julio Cesar
Como cuestor le tocó en suerte la Hispania Ulterior. Allí, en su recorrido por las diversas audiencias de esta provincia para administrar en ellas justicia por encargo del pretor, llegó a Gades, donde vio junto al templo de Hércules la estatua de Alejandro Magno, entonces se puso a llorar y, como hastiado de su inacción, porque, según él, no había realizado aun nada memorable a la edad en que ya Alejandro había sometido el orbe terrestre, solicitó de inmediato el relevo, para aprovechar cuanto antes en la Ciudad las ocasiones de emprender asuntos de mayor envergadura.

Cayo Suetonio Tranquilo, Vidas de Cesares, Libro I, 7

¿Es posible estimular y educar nuestra creatividad? Desde luego que sí. Sea cual sea nuestra capacidad o propensión innatas a la creatividad, hay formas de potenciarla. Por supuesto, en primer lugar, lea. Libros, se entiende. Sea curioso. Sin una ambición por el estudio y por el saber, difícilmente crearemos nuevas obras, porque careceremos de esos recursos que la creatividad transforma o reordena. Podemos ser genios innatos como Alejandro, pero también podemos ser tan creativos como Napoléon, que basó toda su creatividad en el estudio de los antiguos líderes como César o el mismo Alejandro.

Y sobre todo mande al recreo a su mente. Esto parece más fácil decirlo que hacerlo. Es lo que solemos llamar “desconectar”, algo que todos dicen pero que casi nadie hace. Para crear, para permitir que surjan las ideas hay que estar soberanamente aburrido. Sí, como lo oyen, hay que holgazanear como un perro. Y no sirven los horarios actuales: la semana laboral occidental de 40 horas es, sencillamente, enemiga de la creatividad. “Ocho horas para trabajar, ocho horas para dormir y ocho horas para vivir” dicen los expertos. El primer fallo es que esta máxima no considera el trabajo como vida. Si el sueño tampoco lo es, entonces resulta que vivimos un tercio del tiempo que creemos vivir. Sin embargo, esto tampoco es vida si descontamos los deberes con la Administración, atender a los hijos, ir de compras, limpiar y el resto de tareas de la casa, etc. Después de un fin de semana de compras y limpieza muchos no tienen sensación de haber “desconectado” precisamente.  Entonces ¿cuánto vivimos realmente? Para generar ideas o bien convierte usted su pasión en su trabajo o bien, si no tiene más remedio que trabajar para otro, reduce ese tiempo lo más posible. Ordene su tiempo de modo que tenga suficientes horas para no hacer nada (ver la tele no sirve). Esto supone un esfuerzo consciente de gestión del tiempo y si no se lo toma en serio, este tiempo de abulia nunca estará disponible. Si planifica irse de vacaciones y llena su agenda de actividades, volverá tan cansado como se fue. De paseos junto al mar, practique deportes que le permitan pensar al mismo tiempo o visite museos. Y quédese solo. La soledad es importante de vez en cuando. Las manualidades son actividades muy recomendables. Practicar la meditación (o la oración si es usted religioso) estimulará su mente y la predispondrá para generar ideas.

Así que ya sabe, es bien fácil. Sea vago. De vez en cuando.

En el fondo del melancólico y silencioso valle, al pie de las últimas ondulaciones del Moncayo, que levantaba sus aéreas cumbres coronadas de nieve y de nubes, medio ocultas entre el follaje oscuro de sus verdes alamedas y heridas por la última luz del sol poniente, vi las vetustas murallas y las puntiagudas torres del monasterio, en donde ya instalado en una celda, y haciendo una vida mitad por mitad literaria y campestre, espera vuestro compañero y amigo recobrar la salud, si Dios es servido de ello, y ayudaros á soportar la pesada carga del periódico en cuanto la enfermedad y su natural propensión á la vagancia se lo permitan.

Gustavo Adolfo Becquer, 1836-1870
Cartas desde mi celda