10 abril 2015

INGENIEROS DEL PASADO



No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser incesantemente niños.

Cada vez le pesaba más su equipo y tenía mucho calor. Cuando se enroló en aquella Legión ya le avisaron de que no sería cómodo. Horas de pie, caminatas, calor, sed,… A su alrededor otros legionarios permanecían en pie bajo aquel sol abrasador del sur de Hispania. Las botas militares le hacían daño en el talón. Y sudaba tan profusamente que ya no podía distinguir la mezcla de olores que emanaban de su armadura. Y sin embargo, hacía aquello porque le gustaba. Desde niño había se había visualizado a sí mismo con aquella impedimenta. Estaba cumpliendo su sueño.

Por fin, el Optio ordenó romper filas. Aquello había terminado por el momento. Cansado pero feliz, se dirigió hacia el lugar designado para cambiarse. Un camarada le ayudó a desembarazarse del equipo. Uno a uno se fue despojando de cada elemento de su uniforme del siglo I. Después de beber un largo y fresco trago de agua, se puso su camiseta y sus vaqueros. Tenía hambre y se tomaría una cerveza con sus compañeros. Al recreador histórico le dolían los hombros del roce de la armadura. Pero en su rostro no podría leerse otra cosa sino felicidad.

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La Reconstrucción Histórica es la actividad que se dedica a reproducir hechos o personajes del pasado y a difundir la Historia entre el gran público de una forma amena y visual, sin tintes ideológicos ni políticos. En España, esta actividad es completamente amateur, y la sociedad saca un gran provecho de ella. Como soy un recreador histórico del mundo romano, no podré evitar poner aquí las fotos de mis grupos favoritos, todos ellos recreadores históricos de renombre.

Sin embargo, me temo que para el gran público y, lo que es más preocupante, para los medios de comunicación, existe cierto gazpacho mental en torno al concepto de Reconstrucción Histórica. Se aplica así tal calificación para designar actividades o atuendos que se encuentran muy alejados de merecerla, confundiendo negligentemente al público y desmereciendo la actividad de los auténticos recreadores.

En este artículo, utilizaré como sinónimos Reconstrucción o Recreación Históricas. También podrán ustedes leer en alguna parte escrito el término Arqueología Experimental, que tiene un significado muy similar.

Legio VII Cohors Baetica. Málaga.

En base a mi humilde experiencia, me he permitido establecer una clasificación de actividades, de cara a contar con una referencia en base a la cual poder separar la Recreación Histórica de otras actividades que, pudiendo dar lugar a confusión, se encuentran muy alejadas de este respetable concepto.

1. El Disfraz. No puedo imaginar nada más aconsejable y divertido. Quien se disfraza lo hace para pasar por lo que no es con algún objetivo, siendo generalmente este objetivo la pura y sana diversión. El límite lo marca la imaginación y el presupuesto. Halloween, Carnaval, despedidas de soltera, verbenas populares o fiestas privadas son ocasiones típicas donde el disfraz es protagonista. Evidentemente existen disfraces que reproducen personajes o épocas históricas, pero su finalidad no es la exactitud ni el rigor histórico sino simplemente hacer posible un rato divertido a un bajo coste. Aunque a veces el disfraz puede alcanzar un alto precio y un alto grado de exactitud, no es Recreación Histórica.

2. La Religión cuenta también con festividades o ritos en las que los participantes reproducen escenas bíblicas, con fines litúrgicos y de catequesis (instrucción y predicación). Este fenómeno de la escenificación de pasajes de las escrituras se da en muchos países, no solo en España y tiene su origen en la contrarreforma del siglo XVI. Los belenes vivientes en Navidad o las representaciones de la pasión de Jesús de Nazaret, son los principales ejemplos en nuestro país. Concretamente, en los desfiles procesionales de Semana Santa, es muy frecuente encontrarse con atuendos pseudo-históricos de mayor o menor fortuna, todos con más carga artística que veracidad académica. Les recomiendo que no se los pierdan si tienen la oportunidad de verlos. Merece la pena asistir como espectador, más allá de si se es creyente o no. Aunque hay casos muy logrados, esto tampoco es Recreación Histórica.

3. El Folklore nos ofrece también excelentes oportunidades de revivir el pasado, en multitud de fiestas por todo el mundo. Se representan escenas de los acontecimientos históricos que dieron origen a cada celebración y los participantes visten atuendos vistosos y en ocasiones bastante caros y sobre-ornamentados. Las Fiestas de Moros y Cristianos o de Romanos y Cartagineses del levante son buenos ejemplos de estas festividades cívicas en España. Ni que decir tiene, que son fiestas de proyección nacional e internacional y no hace falta que les recomiende ir, pues siempre será tiempo bien empleado. Por mucho dinero que se invierta, el Folklore tampoco es Recreación Histórica.

4. El Atrezo: Definido por la RAE como “Conjunto de elementos necesarios para una puesta de escena teatral o para el decorado de una escena televisiva o cinematográfica”, el atrezo es una actividad que no se siente ligada al rigor histórico, sino al espectáculo y al goce visual. Qué duda cabe de que hay honorables excepciones, en las que las producciones se preocupan de obtener un cierto asesoramiento en materia histórica. Pero en el cine y en el teatro, el rigor siempre está supeditado a las exigencias de la estética y la imagen, incluso cuando éstas implican mucho más gasto económico.

En este apartado, y por incluirlos en alguna parte, también deberíamos considerar toda clase de “ambientación” y “animación” pseudo-histórica de los llamados jornadas o mercadillos medievales, romanos o mozárabes, tan de moda en la actualidad por toda la geografía española.

Aunque siempre recomendables, ninguna de estas actividades es Reconstrucción Histórica.
EGO FEMINA, SEVILLA

5. La Recreación Histórica. Ya hemos llegado. Aquí nada puede “parecer” histórico. En teoría, todo elemento debe estar históricamente comprobado y realizado en los mismos materiales que el original. Los comportamientos y actitudes deben ser igualmente frutos de la investigación y contar con el refrendo académico de historiadores y arqueólogos.

No obstante, dado el diferente grado de compromiso con esta máxima y en orden al grado en que se alcanza, en los Estados Unidos se ha establecido una clasificación que, en ausencia de otra mejor, bien podríamos importar para España:
  
a. Los llamados Farbs o "soldados de poliéster". No hay traducción para Farb, pero si lo desean, pueden emplear la palabra cutre. Estos son los recreadores que menos tiempo y dinero emplean en conseguir la autenticidad en lo que respecta a la vestimenta, accesorios o comportamiento. En estos recreadores se pueden observar a simple vista ropas anacrónicas (camisetas interiores, calcetines de deporte,…), telas impropias de la época, confección inadecuada (costuras innecesarias, velcros, cremalleras,…), calzados modernos (playeras o sandalias), peinados o maquillajes fashion, etc. Yo me inclino por evitar que se les considere recreadores, deberían más bien pasar a la categoría 1, El Disfraz.
 
b.  En la categoría de recreadores Mainstream (“corriente principal”, en una traducción apañada) podrían estar los grupos de reconstrucción que en España consideraríamos serios. Su actividad está presidida por la investigación y las fuentes académicas más reconocidas. Prefieren no recrear algo antes que hacerlo de modo inadecuado.

LEGIO I VERNACVLA, GILENA
En estos recreadores todo lo que queda a la vista es totalmente auténtico, aunque para la ropa interior y otros elementos ocultos al exterior se utilizan elementos y materiales modernos. Lo cual por otra parte, contribuye a hacer posible una actividad difícil de realizar sin estas pequeñas comodidades. Aspectos como la comida o la bebida históricas tampoco son muy importantes en un evento, aunque en ocasiones gustan de extender la recreación a la gastronomía, celebraciones, etc. Esta es la Recreación Histórica por antonomasia, que reúne los requisitos de calidad y factibilidad generalmente aceptados por el mundo académico. Todas las fotografías que ilustran este artículo pertenecen a este tipo de grupos.

c. Por último, encontraríamos los Progressive o “Progresivos”. Es lo contrario de los Farbs y son los frikies entre los frikies. Llevan la Recreación Histórica hasta extremos que resultan raros y hasta “enfermizos”. Los Progresivos investigan mucho y se consideran a sí mismos como la élite. Durante sus eventos, comen lo mismo que comían en la época representada, duermen al raso si es necesario y prescinden de cualquier elemento o comodidad de la vida moderna, medicinas incluidas. Algunos adoptan sinceramente religiones y sacerdocios antiguos, hasta el punto de vivirlas diariamente, con oraciones y ritos adecuados. En España no existen experiencias de este tipo.
Ibidem. Puente Genil.

Dicho todo esto, que hasta ahora no ha tenido mas que carácter positivo o descriptivo, paso a mojarme, como es habitual en mí y me gustaría ahora aportar mi particular visión normativa de la Reconstrucción Histórica. Como dijimos al principio, ésta incluye entre sus fines principales la difusión de la Historia, sin tintes ideológicos ni políticos. Como tal portavoz de la Historia, el recreador histórico asume una importante responsabilidad: la de transmitir el conocimiento de la Historia con veracidad y rigor al público en general. Esta es la manera (y no otra) en la que la Reconstrucción Histórica se ha ido ganando a pulso el respeto de los historiadores, de las Universidades y de los Museos.

No es una responsabilidad pequeña. Durante generaciones la única fuente para un conocimiento ameno de la Historia han sido los comics y el cine. Hasta el punto de que cualquier cosa que apareciera por la gran pantalla era tomada por el público por rigurosamente cierta y verídica. Así, ahora todos creen que los espartanos estaban tan cachas como en 300 (por cierto, ahórrense un mal rato, no vean la segunda parte de 300 por favor).

Al convertirnos en recreadores históricos abrazamos voluntariamente esa responsabilidad ante la sociedad. Al asumir dicha responsabilidad nos convertimos en maestros vivos del conocimiento y de la Historia y nos debemos a todo ese público, pequeños y mayores, que va a acercarse a nosotros con la expectativa de aprender un poco más de tal o cual personaje o evento histórico.

Defraudar esa expectativa y hacer dejación de la responsabilidad del recreador, supone una falta grave que debería hacer reflexionar a todo aquel con capacidad para ello.
LEGIO XXX VLPIA VICTRIX, SEVILLA

Los recreadores. Esos ingenieros del pasado, que emplean su esfuerzo, su ingenio, su tiempo y su dinero en prestar un servicio tan altruista, tan filantrópico, tan imprescindible… y tan poco valorado por la sociedad y la Administración. Todavía hoy en España, son mínimos los ejemplos de asociaciones de recreación histórica que tienen acceso a ayudas o subvenciones públicas. En la mayoría de los casos, por increíble que parezca, no son siquiera consideradas actividades de carácter cultural por parte de las administraciones o patrocinadores privados.

Pero cómo sorprenderse. Esto es España, ese lugar a años luz de los países culturalmente desarrollados, que respetan y aprenden de su pasado, que no huyen acomplejados de él, que invierten en su protección, que promueven su difusión y que fomentan la cultura humanística de sus ciudadanos.

No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser incesantemente niños.
Marco Tulio Cicerón
Magistrado y filósofo romano

Artículo patrocinado por LA CASA DEL RECREADOR. Material de recreación histórica. 



22 marzo 2015

UN BALAZO PARA VIVIR



Que es la luna donde el destino quiso
que mi alma torturada hallara el paraíso.
Puede que allí me esperen, si es cierto lo que creo,
el alma de Pitágoras, o la de Galileo.


Aquellos dos arcabuzazos en el pecho no iban a arruinarle el día,… como pudo comprobar el turco al que acababa de saltar los dientes con la rodela. 

Con 24 años, Miguel creía que su vida estaba encarrilada. Había estudiado gramática y arte dramático en su patria. Después tuvo que quitarse de en medio, irse a Italia una temporada, a ver si se calmaba la cosa, después del episodio en que dejó mal parado al rufián que se atrevió a mentarle a la madre. Allí, entre Roma y Nápoles, se había interesado por la poesía y la narrativa, además de empaparse de mitología y sabiduría clásicas, gracias a los muchos textos antiguos accesibles allí, gracias a la imprenta. Pero pronto dejó aquellos cantos de sirena literarios, para descubrir la interesante vida de soldado. Una emocionante vida que había dado con sus huesos allí, en el culo del mundo, en la boca del lobo otomano, embarcado en una galera, que se llamaría Marquesa, pero que se había movido como una ramera desde que salieran de Mesina. 

Llevaba dos días con fiebre y su capitán le había librado de servicio. Pero él no quería perderse aquel espectáculo por culpa de una enfermedad. Además, no estaba dispuesto a permitir que se dijera que permaneció abajo, con la chusma, mientras sus camaradas dejaban la piel en cubierta y hacían dejarla al enemigo. 

Y no le había ido mal del todo aquella mañana, a pesar de la fiebre y de los 120.000 turcos que querían matarle. El peto de hierro y el chaleco de algodón prensado habían restado suficiente fuerza a los pelotazos de arcabuz que le habían alcanzado en el pecho. Le dolían tremendamente, pero ya habría tiempo de curarse esas heridas, ahora estaba ocupado, pasando de parte a parte al turco que había descuidado la guardia, tratando de contenerse la hemorragia de la boca. Una boca de la que, entre borbotones de sangre, salieron unas últimas palabras en el idioma de la Sublima Puerta.

Galera Real (replica) Museo Naval (Barcelona)
Pero, lo que son las cosas, no acababa de sacar la hoja de la barriga de aquel jenízaro, cuando la rodela le salía volando del brazo con un estruendo metálico. Nada extraño por otra parte, si dedicas la mañana a abordar una galeota turca en pleno golfo de Lepanto. Se revolvió alzando la espada, pero junto a él no encontró más que cadáveres. Los españoles se ocupaban de la matanza, excepto algunos que abrían las portas de las bodegas, para liberar a los infelices cautivos que estaban al remo. Más allá, en el centro de la formación, unas galeras del Papa auxiliaban a la Real y, entre el humo, le pareció ver que la capitana turca estaba arriando el pabellón. Esto marcha, se dijo. Allí en el suelo estaba su rodela, y la habría embrazado, como de costumbre, de no ser porque su brazo izquierdo no obedeció la orden de abrir la mano. 

Con la calma de un joven inconsciente, Miguel de Cervantes clavó su espada en la cubierta y examinó su brazo izquierdo casi destrozado. Inerte, su mano chorreaba sangre, colgando inmóvil del antebrazo deshecho por el hierro. Un tiro de arcabuz le había atravesado la carne a la altura de la correa de la rodela. El hueso estaba roto desde luego, pero algo le decía que aquella herida era algo más. Era incapaz de mover los dedos. Le invadió el miedo, no quería ni pensar que no pudiera seguir sirviendo en el Tercio… él, que no sabía hacer otra cosa…

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Como está de moda el Cervantes difunto, célebre genio de las letras, me ha parecido adecuado aquí recordar su juventud, cuando Don Miguel, por entonces Miguelillo, se ocupaba en oficios más arriesgados aunque no menos emocionantes que la literatura. Cuando tienes 24 años, das por sentado que una serie de cosas irán acaeciendo en tu vida, tienes por cierto que la secuencia de hitos que la sociedad ha prescrito para ti se cumplirá como si estuviera grabada en una sagrada Piedra del Destino que llevara tu nombre. 

Ser un buen chico, estudiar, seguir estudiando, enamorarte de una buena chica, un noviazgo como Dios manda, terminar tu estudios, hacer la mili (ya no, allá ustedes), comenzar a trabajar, ganar y ahorrar dinero, comprar tu piso, casarte (también como Dios manda), fundar una familia y tener hijos (en plural, hijos). Y esto solo es la primera parte del guion. Podríamos seguir leyéndolo y llegaríamos al final de nuestros días. Un guion copia-pega de todos los demás, un guion que, alguien diría una vez (supongo), nos garantiza la felicidad y la paz.

Sin embargo, algunos reciben la visita inesperada de la vida. Se te presenta un buen día, sombrero en mano, dirigiéndote una sonrisa misteriosa, mientras se te inclina, educada, con una reverencia propia del Siglo de Oro en que vivió Don Miguel.

Palas Atenea, sabiduría, estrategia, artes, justicia,...
A partir de aquella visita, dejas atrás tu juventud. Quizá la madurez se te eche encima, como un capote, demasiado pronto. Quizá asome la nieve a tu cumbre antes de tiempo. Pero es lo que hay. Tras aquella visita, y tras una fase de lógico desconcierto (crisis se le llama también) y si así lo aceptas, puedes comenzar a despojarte, no sin dolores, de tantos mitos y creencias que, siempre con la mejor intención, nos van grabando nuestros mayores en el disco duro. Es complejo el desinstalar un sistema operativo e instalar uno nuevo. Doloroso arrancarse excrecencias que sin remedio se te llevan jirones de piel propia con ellas. Es difícil y largo, especialmente porque no te ayuda nadie. Al principio solo tú, tu intuición y tu fuerza de voluntad, podrán ayudarte a encontrar la ruta entre la niebla. Después, vas encontrando amigos por el camino. 

En mi caso encontré muchos Aristipo, Pródico, Epicuro, Lucrecio, Virgilio, Celso, Cicerón, Lao Tse, Musashi, Frazer, Hawking... La lista se haría interminable, harían falta cien vidas para escucharlos a todos y para leer otros miles de textos antiguos que contienen un caudal de sabiduría inabarcable. 

Y cuando superas la prueba, cuando reconduces tu ruta y recalculas tus planteamientos, te invade la paz y el orgullo de haberte adaptado, de haber aceptado el cambio.  

El cambio, ese estado que debería ser permanente. Para cambiar deberás desoir consejos de tus mayores, te hará falta levantar esos pies que siempre te han dicho que no debes separar del suelo.

Me alegro de que la vida me visitara. No una, sino varias veces. Que en cada una de ellas, me diera la “mala noticia” de que mis planes no iban a salir tal como yo esperaba. Porque tras cada mala noticia, tras cada crisis personal, he descubierto nuevos mundos, he atravesado nuevas puertas, he navegado nuevos mares y he vivido nuevas vidas. 

Nunca desesperes. Miguel de Cervantes se refugió en su cierta habilidad literaria porque su carrera militar acabó abruptamente. Él vio como la mayor desgracia la herida que le mutiló. Pero al final de sus días, poco antes de morir de diabetes a los 68 años,  quizá intuyera que aquella bala turca, le regaló la inmortalidad, un 7 de octubre de 1571.


Que es la luna donde el destino quiso
que mi alma torturada hallara el paraíso.
Puede que allí me esperen, si es cierto lo que creo,
el alma de Pitágoras, o la de Galileo.

Edmond Rostand
Cyrano de Bergerac

25 enero 2015

DESPACIO POR FAVOR



En efecto, en el fondo del melancólico y silencioso valle, al pie de las últimas ondulaciones del Moncayo, que levantaba sus aéreas cumbres coronadas de nieve y de nubes, medio ocultas entre el follaje oscuro de sus verdes alamedas y heridas por la última luz del sol poniente, vi las vetustas murallas y puntiagudas torres del monasterio en donde, ya instalado en una celda, y haciendo una vida mitad por mitad literaria y campestre, espera vuestro compañero y amigo recobrar la salud, si Dios es servido de ello, y ayudaros a soportar la pesada carga del periódico en cuanto la enfermedad y su natural propensión a la vagancia se lo permitan.


Debo agradecer la chispa de este artículo a un hombre muy trabajador. Aquel hombre tan ocupado, estuvo a cargo de una ponencia a la que asistí una mañana de noviembre en la fundación de una gran empresa de la que, como siempre, he olvidado el nombre. Aquel importante directivo debía hablar a su auditorio de buena mañana sobre el impacto que la tecnología había tenido sobre la productividad de las empresas y sus trabajadores. 

En el comienzo, aquel bien pagado ejecutivo no desaprovechó la oportunidad de contarnos lo tarde que se había acostado el día anterior a causa de su tan dilatada como habitual jornada de trabajo. Relató que aquella mañana le sorprendió en Madrid sin ningún tipo de presentación preparada para nosotros. Pero que, no obstante haberle cogido el toro, la tecnología le había permitido aprovechar las dos horas y media de trayecto en AVE hasta Sevilla, para elaborar aquel PowerPoint que ahora teníamos el privilegio de disfrutar todos los asistentes. 

Tu tiempo es mi oro (M. Burns)
“¡WOW!” Grité para mis adentros. Aquel tío era súper-productivo. No paraba nunca de trabajar y sacaba el máximo partido de todas las herramientas que la tecnología ponía a su alcance. Su jefe debía de quererle muchísimo.

¿Y alguien más?  
 
“Creo que vivir deprisa no es vivir, es sobrevivir.
Nuestra cultura nos inculca el miedo a perder el tiempo,
pero la paradoja es que la aceleración nos hace desperdiciar la vida.”

Reflexioné sobre un tema que se ha convertido en uno de los sillares de mi pensamiento vital desde que leí “Elogio de la lentitud”. Este libro que, como todos los regalados, uno lee de forma especial, me ayudó a descubrir y a dar forma a ideas que a todos nos revolotean por la mente, de un modo u otro. La obra se ha convertido con los años en un  mantra del movimiento Live Slow o movimiento lento, una filosofía de vida que contrapesa la aceleración constante de nuestra sociedad occidental y que pretende concienciarnos de la importancia de calmarnos. El autor, Carl Honoré, nos alerta de que los ritmos de la vida humana tienen poco que ver con la comida rápida, las agendas apretadas o el estrés al volante. Actividades como el descanso, la comida, hacer la compra, viajar, hacer ejercicio o tener sexo, han sido sometidos a la tiranía del tiempo, haciéndonos perder la única vida que nos ha sido dada. Hasta en un viaje de placer caminamos aceleradamente para ver o hacer todo lo que nos habíamos propuesto previamente.


Les iré dejando a lo largo del artículo algunas frases de este libro, de lectura completamente recomendada.

“Hoy todo el mundo sufre la ENFERMEDAD DEL TIEMPO:
la creencia obsesiva de que el tiempo se aleja y
debes pedalear cada vez más rápido”

Pero no me limitaré en este artículo a recomendarles libros. El propósito de estas líneas, donde como ya saben siempre me mojo, es el de abundar en el ya abierto debate de la productividad y el tiempo.

Mucho nos han sermoneado desde el inicio de la crisis acerca de la baja productividad de España y los españoles. Y desde luego también nos han dado las consabidas recetas los expertos de turno: trabajar más y por menos dinero. Curiosamente, estos expertos obvian el hecho de que los países que precisamente nos superan en productividad tienen sueldos mas altos y trabajan menos horas. Al parecer España ha de encaminarse a ser la India antes que a ser Alemania.

“La velocidad es una manera de no enfrentarse a lo que le pasa a tu
cuerpo y a tu mente, de evitar las preguntas importantes…
Viajamos constantemente por el carril rápido, cargados de emociones,
de adrenalina, de estímulos, y eso hace que no tengamos nunca el tiempo
y la tranquilidad que necesitamos para reflexionar y preguntarnos
qué es lo realmente importante.”


Que la productividad de un país no está ligada exclusivamente al nivel de sus salarios es algo que es pura matemática. Pero si observan la gráfica siguiente, podrán obsevar también que, científicamente, no por mucho trabajar, uno produce más.


Aunque llama bastante la atención que la curva se vuelve practicamente insensible a incrementos de horas por encima de las 40 horas semanales, lo que de verdad interesa es apreciar lo notablemente plana que es esta gráfica. Es decir, realmente la productividad de los trabajadores está poco afectada por el número de horas trabajadas.
“A menudo, TRABAJAR MENOS significa trabajar mejor.
Pero más allá del gran debate sobre la productividad
se encuentra la pregunta probablemente más importante de todas:
¿PARA QUÉ ES LA VIDA?

Y todo esto caló en mi mente porque yo había estado allí. Yo había vivido en el pais de la falsa productividad, en el mundo de las jornadas interminables, en la tierra del trabajo sin límites. Pero era en mis vacaciones donde se me ocurrían las ideas. Era allí en la playa, descansando bajo mi sombrilla, donde me asaltaba la creatividad, donde tenía que apuntar en cualquier trozo de papel las innovaciones y proyectos que se me ocurrían.

El imprescindible descanso, el sosiego, el relax de la mente y del cuerpo. Estas son la clase de cosas que la tecnología nos ha ido arrebatando, de puntillas, sin que nos demos cuenta. Los perjudicados han sido nuestra salud, nuestra creatividad y nuestra felicidad a partes iguales.

 “Hay que plantearse muy seriamente
A QUÉ DEDICAMOS NUESTRO TIEMPO.
Nadie en su lecho de muerte piensa: “Ojalá que hubiera pasado más
tiempo en la oficina o viendo la tele”, y, sin embargo, son las cosas
que más tiempo consumen en la vida de la gente."

Como bien saben los seguidores de mi Blog, soy un gran aficionado al estudio de la Historia. Y una de las cosas que pronto percibe quien se interesa por esta materia, es que, tiempo atrás en la Historia, los días transcurrían con otro ritmo. La tecnología no permitía la instantaneidad de acontecimientos, con lo que las vidas de las personas eran mas lentas. Algo así como si los relojes transcurrieran mucho más lentamente. Los viajes eran asunto de semanas o meses, las noticias tardaban días en llegar de un punto a otro y cualquier obra o proyecto era asunto de varios años. Que nadie caiga en la fácil crítica de que desprecio las ventajas que la ciencia y la tecnología nos otorgan hoy en día. Solo digo que podríamos hacernos preguntas acerca de si en el siglo XXI, vivimos más y mejor que hace tiempo. ¿Realmente lo hacemos?

“La lentitud nos permite ser más creativos en el trabajo,
tener más salud y poder conectarnos con el placer y los otros”

La creación, la invención, la innovación. Esa capacidad que, según Mary Shelley,  algunos tienen para  moldear los materiales oscuros e informes del caos. Cuanto más creativo te propongas ser, mayor enemigo tendrás en la aceleración de tu tiempo. Y cualquiera que aspire a directivo o empresario debería ser bastante creativo. Así que si piensas que estás en el caso de vivir demasiado aceleradamente, quizá deberías cuestionarte hacer algunos cambios en su vida.

  • ¿Por qué acumular todo el descanso en un mes del año?  Desde que soy emprendedor, todos mis días compaginan descanso y trabajo. En mis semanas se conjugan la producción y el ocio. En mi vida no hay lunes. Configuro mis horarios y nunca me pesa madrugar. Lo mismo estoy atareado hasta las 11 de la noche, que otro día apago el ordenador a las 11 de la mañana.
  • Haz pausas frecuentes en tu trabajo, todas las que necesites y sin poner en peligro el terminar las cosas que empieces.
  • Quizá deberías cambiar de actividad y hacer algo que te apasiona. Si te dedicas profesionalmente a lo que te gusta, nunca tendrás que ir a trabajar. Y el tiempo será diferente para tí. 
  • A todo el mundo le gusta tener su casa junto al trabajo. Pero si no puedes mudarte junto a tu oficina, ¿qué tal llevarte la oficina a casa? Todavía son pocas las empresas que trabajan por objetivos o asumen en serio el teletrabajo. Por eso la gente emprende y monta su despacho, oficina o taller en casa. Algo que ya hicieron creadores como Bill Gates, por ejemplo.  
  • Realiza un uso inteligente de la tecnología. Utiliza las herramientas de gestion del tiempo, pero no para encadenar tareas de modo obsesivo y exprimir al máximo tu tiempo. Deja huecos entre ellas, distribuye tus tareas de manera espaciada en tu jornada. Incluye en cada una no más de 6 horas diarias de tareas programadas. No te averguences: otras tareas no programadas te asaltarán sobre la marcha y sin avisar y te verás obligado a dedicarles tiempo.

Terminaré con un ejemplo histórico de creatividad que me causa tal simpatía que no puedo dejar de utilizarlo aquí.

Samuel L. Clemens fue uno de esos hombres bendecidos con el genio de la fertilidad creativa. Nació en Missuri, Estados Unidos, en 1835. Fue un precoz y declarado defensor de los derechos de las mujeres y de los trabajadores. Criticó la discriminación racial y el incipiente imperialismo de su país. Y aunque esta arquitectura intelectual basta para ganarse mis simpatías, si tienen la suerte de leer su biografía, descubrirán un detalle curioso. Clemens  era un hombre que trabajaba acostado. 
 
Les cuento. Durante su viaje de novios por Europa, Samuel y su mujer, Olivia, compraron una cama de matrimonio veneciana. Esta cama y su tallado cabecero de madera oscura, enamoraron a Samuel de tal modo, que aquel lecho se convertiría en su despacho profesional de por vida. Tanto le gustaba el cabecero, que los Clemens dormían al revés, de cara a contemplar permanentemente el trabajo de artesanía que tanto les gustaba. Acostado en su cama, Samuel escribió cientos de obras, entre oratorias, literarias y periodísticas. Allí recibía a sus amigos y familiares. Huttleston, Tesla, Stowe, Douglass y Howells fueron algunos de los que tuvieron oportunidad de conocer a un genio acostado como Samuel Clemens. Todos ellos certificaron que para él, las cosas marchaban de un modo lento.

Clemens pasó a la Historia por libros como Las aventuras de Tom Sawyer o El príncipe y el mendigo, en los que firmaba con el universal pseudónimo de Mark Twain, por el que ustedes y yo le conocemos hoy.

Por cierto, Twain es el autor de una mis frases favoritas. La frase de un hombre que ahorra esfuerzos, sin duda: Si dices siempre la verdad, nunca tendrás que acordarte de nada.

Y como dice un proverbio ruso "Las prisas solo sirven para atrapar moscas".

No olviden pasear solos por la orilla del mar de vez en cuando.


En efecto, en el fondo del melancólico y silencioso valle, al pie de las últimas ondulaciones del Moncayo, que levantaba sus aéreas cumbres coronadas de nieve y de nubes, medio ocultas entre el follaje oscuro de sus verdes alamedas y heridas por la última luz del sol poniente, vi las vetustas murallas y puntiagudas torres del monasterio en donde, ya instalado en una celda, y haciendo una vida mitad por mitad literaria y campestre, espera vuestro compañero y amigo recobrar la salud, si Dios es servido de ello, y ayudaros a soportar la pesada carga del periódico en cuanto la enfermedad y su natural propensión a la vagancia se lo permitan.

Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870)
Periodista y poeta sevillano
Cartas desde mi celda